lunes, 18 de noviembre de 2013

Amadla, maldita sea

Nada que relaje más que una buena sesión de sexo.

Incluso los que tenemos amante, incluso nosotras, a veces necesitamos más. Y salimos con las uñas pintadas y pendientes bonitos pensando Hoy va a ser un gran día.

Mentira.

Lo que nadie dice es que la Vida es mujer y, como tal, voluble. ¿Sabrá lo que quiere? ¿O le gusta ponernos sorpresas desagradables? La imagino caprichosa y por supuesto bella. Elegante, pero infantil. Tensa como un arco dispuesta a disparar. Dura y solitaria. Amada pero distante.

Lo que tampoco nos dicen es que, si la Vida nos jode, es porque no sabe hacernos el amor.

Hoy se lo voy a hacer tan dulce y duro que me regalará lo que le pida. Pero no le pediré nada.


domingo, 27 de octubre de 2013

Borrowing your wings

-Muy mal se habla de la Tentación.

Me estremezco. Dios mío, está aquí. Y para no variar, está preciosa. Diferente, no obstante; es la primera vez que no hay un solo desgarro en su ropa.

-¿Me ves muy distinta, querida? -sonríe Remy, con esos labios de pecado y suciedad, que me sonríen genuinamente.

Sí, está muy distinta. Su cabello negro sigue desordenado, el maquillaje ha dejado huellas de lágrimas en sus mejillas. Pero el vestido que lleva se ajusta a su cuerpo grácilmente. Me resisto a abrazarla, sé bien que todo en ella es una trampa.

-Lo cierto es que me alegro de verte. Me estaba preguntando qué había sido de ti.

Se sorprende arqueando las cejas con elegancia. Se sienta frente a mí, espera a que venga un camarero y pide una cerveza importada. Remy es todo lo que yo no soy; es elegante en su dejadez, bella, impulsiva, apasionada hasta la destrucción más absoluta. Y sin embargo, la admiro. Hoy siento que ya no la detesto.

-¿Qué decías de la Tentación?

Tarda un poco en contestar. Saborea su cerveza con tal placer que me hace sentir incómoda. De repente se me ocurre que debería haberme acostado con ella cuando tuve la ocasión. Y Remy lo adivina, porque acude a sus labios una sonrisa sinuosa.

-Me he enamorado, cariño.

-¿De quién?

-De Kokoro.

Me tenso violentamente. ¿Cómo se atreve? No puede tocar a mi Kokoro, no lo permitiré.

-Creía que la odiabas.

-Y supongo que por eso me he enamorado de ella. Es una mujer fascinante. Y muy hermosa. Aunque quien mejor que tú para saberlo -se burla de mí sin ninguna decencia. De pronto suspira con un pesar que no es fingido-. Pero sé muy bien que no puedo tenerla, puedes dejar de mirarme así. Kokoro te eligió a ti, incluso cuando tú y yo estábamos juntas. Y eso no lo podré romper.

-Al menos eres consciente de eso.

Se lanza a coger mi mano con una violencia inusitada. Hay un brillo febril en sus ojos acerados. Y de repente lo entiendo; Remy no ha cambiado tanto, sólo el objeto de su deseo. Está desesperada, destrozada, pero estar enamorada la llena de júbilo; llegó a creer que nunca sentiría algo bueno.

-Tú sabes lo que es mirar al sol deseando tener alas -susurra rápidamente-. Estaba contigo en el barco, ¿recuerdas? La espuma, el mar, todo era Kokoro. Sabías que te iba a destrozar, que me iba a crear y te resistías a soltarla.

-Me habría hundido con ella si lo hubiera permitido -replico con fiereza. El implícito "también lo haría ahora" flota entre nosotras. Me suelta la mano, vuelve a su sitio. Bebe. No sonríe.

-He venido porque necesito que me ayudes. Quiero hacerme unas alas como las que tú tenías cuando nos conocimos. Aprenderé a volar para alcanzarla.

-Te rechazará. Ya lo sabes.

Esboza la sonrisa más triste que le he visto jamás. Me llena los ojos de lágrimas.

-Entonces serás tú quien venga a consolarme.

jueves, 6 de junio de 2013

Como diría Hank Moody



Tiene el cuerpo ondulante de una ninfa escapada de los brazos de Erato. Y sonríe como la propia musa lo haría. Sabe muy bien que, sin ella, los orgasmos no son más que contracciones musculares.

Y con ella son un poco de ambrosía, un poco de nirvana, un poco de delicioso pecado.

Arquea la espalda y jadea en mi oído. Es incapaz de sonreír si la torturo así. Se retuerce, se derrite, se va y se viene, como la segunda mujer de Sabina. Pero ella no quiere a nadie más; me exige a mí.

Y Ella no exige jamás; ordena, y toma. Sonríe perversa mientras me lame, ríe nerviosa cuando se deja domar. Cierra los ojos cuando se descontrola, contonea las caderas pidiendo más.

Más placer, amor, que aún tengo sed de ti.

Ya sabes. Esto no es sexo, es poesía desnuda.

Aunque yo prefiero llamarlo (de)lirio carnal.

sábado, 1 de junio de 2013

No me quedan lágrimas paralelas

Serpientes negras en mi vientre, alimentándose de la bilis, de la podredumbre, de la decepción.

Palabras negras en mis dedos, que apenas se atreven a coger un lápiz, a tocar un teclado.

Me pitan los oídos, de todas las veces que pienso mal de mí misma.

Me arde el estómago del odio, de lo más negro, lo más corrupto.

Más de 6 años han pasado desde aquel jueves de diciembre, y a veces aún parece que esté buscando a ciegas por la ciudad. Dando palos a mis propias sombras creyendo que son fantasmas, qué desfachatez, si los fantasmas se alojan en mis malditos intestinos.

Más de 2 años han pasado desde aquel viernes de enero. Una pantalla me destrozó la vida. Y la llamada intempestiva de una mujer-tormenta me dio la mínima fuerza. Acababan las mentiras, empezó la pesadilla. Hola, Remy, mi amor.

Tengo los músculos tensos y la boca seca. Sé que se avecina el Cataclismo, y ningún Lord Soth lucha contra sus demonios para impedirlo. ¿O soy yo el caballero de la rosa negra? O soy yo las elfas infames buscando desgracia. Tal vez no grito para no romperme la voz.

Creí estar entregando mi cordura a un ángel mancillado, y de sus cenizas no resurgió un fénix, si no una arpía. Querida, cuánto desdén en tus palabras. ¿He temido al número 18 para esto? ¿He temido los fines de semana para esto? ¡He bautizado tu nombre con lágrimas para esto! Sólo me quedé con las noches, para tener pesadillas en soledad. Me has marcado con fuego. Tus abrazos han sido hiel dulce, y tus palabras más amables, espadas de las que protegerme.

Odio las matrículas de los coches. Odio las noches de otoño buscándote. Odio tus miradas frías. Odio odiarte, porque no sabes cómo te odio. Odio perderte, y odio que me importe.

Esto no son 10 razones para odiarte, es mi veneno vomitado. Si no hablo, me morderé la lengua, y morir es demasiado fácil pudiendo escribir.

martes, 28 de mayo de 2013

O debería decir que Ella me tuvo a mí

And when I awoke
I was alone
This bird has flown

No me había comprado mis primeros ligueros, y ya estaba enamorada de ti. Tal vez esto lo diga todo, ¿sabes?

No éramos más que bocetos de lo que llegaríamos a ser, y ya nos echábamos miradas de cervatillas curiosas. Y dueles. Dueles tanto que parece imposible, si me busca tu cintura jaspeada cuando duermes. Si tú y yo vivimos de (t)errores, y aún dueles.

El Norwegian Wood era tu espalda alejándose.
Es tu enfado irracional. Y el racional también.
Era tu nombre parpadeando en una pantalla.
Es tu sonrisa cuando lloras.
Era tu mirada fría.
Es tu mirada fría.

Pero también es un poco nosotras. Y un poco tú y yo.

Intento decir que me robas el aliento. Así, como estás, cansada, despeinada, con los ojitos fatigados. Así, soñadora, pensando en el último orgasmo, mirando huidiza mis piernas. Así, bella.

Dices trémula y somnolienta que si me marcho, te clavarás un cuchillo de obsidiana.









Permíteme ser tu arma homicida, amor

Que quiero salvarte.

lunes, 22 de abril de 2013

Los pétalos trucados de Albany

"No creo que dos personas puedan ser más felices de lo que hemos sido nosotros".

El problema, señorita Woolf, es que la competición más cruenta se celebra por perder. "Yo soy más infeliz que tú". ¿Sientes el goteo lento de esta generación?

"Todos sufrimos.
Todos estamos solos.
Pero yo mucho más que tú."

La primera vez que la vi llorar, supe que me había enamorado. Pero enamorado de verdad. Con la violencia de Humbert, con su desesperación, con la fuerza indomable de la primera vez; que pierdes la inocencia, quiero decir. Que enamorarse no es más que crecer cruelmente de golpe. Y nadie te lo dice.

Tal vez el amor sea la mentira más apasionada que nos cuentan. El pecado no es creerla, sino desmentirla. ¿Cómo vamos a morir en condiciones si renegamos de Stendhal?

No estés triste, blanca muchacha
Nos queremos, ¿recuerdas?
Lo dicen todas las margaritas del mundo

jueves, 4 de abril de 2013

Abril, mon amour

Tengo 17 años, estoy enamorada, tengo miedo, y deshojo hojitas verdes, formando un camino que espero que ella siga hasta mi casa. Allí, dirá que no quiere vivir sin mí, y se entregará sin reservas a mis manos inexpertas.

Pobre chiquilla, que no sabía que, y aún me duele decir esto, el amor no lo puede todo. La pasión no lo puede todo.

Fue un abril la primera vez que me di cuenta de que eres inalcanzable. Fue un abril la primera vez que nos entregamos. Miles de primeras veces, ¿recuerdas?

Y si escribo poco, es porque la felicidad está transformando a mi musa triste en una chica viva. Como un historiador, debo documentar cada cambio, cada sonrisa, cada lágrima, cada mañana.

Es abril, el mes maldito. Mi mes maldito. Y sólo puedo pensar en que tengo toda la vida por delante. Para maldecir meses y números, digo. Que las viejas costumbres me pesan en los rizos.

Las heridas son más bonitas cuando florece la primavera. Y no hablo de estaciones.

lunes, 18 de marzo de 2013

Declaración de amor nº 1


Eras la chica más guapa del baile.

Tenías el vestido más bonito, y la sonrisa más triste, y los ojos más grandes. Estabas sentada en un rincón llorando en silencio; nadie parecía ver tus lágrimas. Cuando alguien se te acercaba, te negabas a bailar. Y estuve un buen rato buscando la frase más versada para hacerte sonreír.

Me arrodillé frente a ti, acariciándote las manos. No dejaste de llorar, pero me miraste con atención.

-Si vienes conmigo, te prometo que no te quito las penas. Pero te quitaré el vestido.

Y sonreíste.

Resulta que al final tu sonrisa era un arma de destrucción masiva.

lunes, 4 de marzo de 2013

La Z también habla de ti, maldita

Su voz amada se transformó de repente en una sentencia de muerte. Apenas oía las palabras, sólo entendía su significado. Se ha acabado. Se ha acabado. Se ha acabado. Balbuceé sin parar. No podía dejar de hablar. Ella guardaba silencio, y yo me imaginaba sus ojos mirándome sin piedad. Tenía la cabeza llena de palabras horribles, y en mis labios sólo había una voluntad cada vez más pequeña de convencerla. "Si te tuviera aquí, no habría podido decírtelo". No lo digas. No lo hagas. No te vayas.

No encontrarás a nadie como yo. Tienes en mí la oportunidad de tu vida, y la estás desperdiciando.

Colgamos.

Me rompí.

Y te dejé el corazón en tus manitas, aunque no te diste cuenta.

Me diste el mayor desgarro que he sentido jamás, y te aseguro que cada día sigo agradeciéndolo. No podría haber sido de otra manera, luzdemivida, teníamos que sentirlo así. Arrepentimientos, las dos tenemos para dar y regalar. Pero nos tuvimos desde el principio. Me prendaste con tu aura pálida, y tus ojos tristes. Te encandilé con mi suavidad. Algún día, tal vez, consiga hacer que lo sientas como realmente es, sin frivolizarlo. Sin poesía, incluso, porque no hace falta.

Pero no lo puedo evitar.

Porque, como la primera vez que lo leí, hace tres años, Nabokov sigue hablando de ti, de tu frialdad, de tu calidez, de tus ojos imposibles y tu corazón impenetrable. Sólo que yo sí consigo entrar.

Y tres años después, te quiero.

viernes, 15 de febrero de 2013

Lo imperecedero

Te veo a través de pestañas de colores y vengo aquí, a este rincón que es casi más tuyo que mío, a lamerte en silencio observando esas pupilas asesinas. Me pregunto qué dirían aquellas chiquillas de nosotras. Qué dirían las sirenas de ti. ¿Sabrá la primavera más fría que por fin eres mía? Que por fin soy tuya.

Le gustas incluso a Remy, y no tengo nada más que decir.

O sí.

Robaré flores de los jardines para ti, si quieres, el resto de tus días. Dime que sí. 

lunes, 11 de febrero de 2013

Maldita Albania

Maldito su coño de cielo.

Y mil veces muerte a sus miradas de vicio azul, a sus caderas vertiginosas. A su forma de arquear la espalda y jadear bajito y susurrar ese nombre mío que sólo se oye en sus labios. Ella es Belleza primigenia. Stendhal se corría imaginándola. Imagínate. Ella. Es de. Qué más da.

Es mía.

Ábreme las puertas, te prometo que te dolerá. Cierra las ventanas, si se te erizan los pezones no será del frío. Echa a volar si quieres, eso no impedirá que (te) corras. Mis manos en tus caderas, mis labios en tu piel, mis rizos haciéndote cosquillas. Tu luz aumentando el contraste. Y el Arte, el Arte, la fuerza violenta que se crea cuando hacer el amor pasa a ser acto.

Hay mil formas de hacer el amor. Millones.

Abre las piernas, cariño, te voy a hacer poesía.


miércoles, 30 de enero de 2013

Höchste Lust!



1.080 días no son suficientes.

Ni por asomo.

Que a la tercera va la vencida.

Quién lo iba a decir.

Nosotras no.

Qué sabré yo del amor, sólo tengo 20 años.

Pero tengo una musa.


No quiero salvación, joder, te quiero a ti.

Estréllate en mis alas

en mis piernas

en mi pecho

en mis manos

Estréllate conmigo.

viernes, 25 de enero de 2013

Mira, Kokoro, te presento a Remy

Pero qué guapa está la muy puta.

Siempre lo está. Pero hoy lo ha hecho a propósito, para enfurecerme, para excitarme, para tentarme con sus caderas devastadoras, y que me vaya con ella.

Y lo que más me enfurece es que a veces no parece tan mala idea.

Lleva el pelo recogido y despeinado. Esta vez, viste vaqueros (rotos y viejos) y camisa (que apenas le cubre el pecho). Aún recuerdo la última vez que nos vimos. Ha tenido cuidado en maquillarse con esmero, pero parece haber olvidado que al llorar sus ojos se emborronan. Y vaya si ha llorado. Noto a mi lado la presencia susurrante de Kokoro, pálida, ligera, silenciosa. Me roza los dedos con serenidad, sonrío. Apenas sabe a lo que se enfrenta, esta mujer niña mía. Apenas sabe que la mujer que ahora se acerca, atravesando la niebla y la calma con sucia indiferencia, puede matarla.

Puede matarla porque también la ama.

Tú la creaste, Kokoro.

-Hoy vienes acompañada, cariño -saluda Remy. Oh, joder, qué voz tan bonita tiene. Me vienen a la mente las noches de verano en las que me acariciaba, y me torturaba, y me recogía las lágrimas para bebérselas ella. Cuánto te quise, Remy, cuánto llegué a despreciarte. No se me escapa ahora que hay súplica en tus bellos ojos, y que si no llevas vestido es para ocultar las cicatrices en tus piernas.

-Mira, Kokoro, te presento a Remy.

Acusa el golpe con cierta elegancia. Le da dos besos a mi mujer niña, traspasándola con la mirada. Kokoro, bendita ninfa, apenas se inmuta y le sonríe amablemente. Sus manos mantienen el contacto durante apenas unos segundos; sus miradas ni siquiera se alejan.

¿Qué verá Kokoro en ella? Aunque ya no la ame, no soportaría que la despreciara. Remy, mi destrozada reina de corazones. Apenas recuerdo sus nombres, pero no se me olvida cómo me miraba. Y aquí está, intentando mantener el tipo, deleitándose en la visión de esta mujer niña que la trajo a la vida.

Porque si Remy existe es porque Kokoro, también conocida como Nymph me rompió el corazón hace años.

Ante mi mirada desconcertada, Kokoro se inclina y le da un fugaz beso en los labios mordidos. Mueve su boca en un aleteo dulce, se separa y le sonríe. No dice nada. Remy no podría estar más impresionada. Lentamente, fuerza una sonrisa.

-Si me hubieras querido a mí -le susurra con tal voz estrangulada que me oprime el corazón-, podrías haberme salvado.

Kokoro ladea la cabeza, y sin verla sé que sus ojos brillan.

Ilustración de Paula Bonet

domingo, 13 de enero de 2013

Enero es mi Abril

Enero llegó suave como una caricia, traicionero, sutil. Como un buen personaje de Weiss y Hickman, vaya. Le faltaron los ojos dorados descomponiendo el tiempo.

Enero llegó con ganas de descolocar mundos y marcar vidas.
Descarado.
Definitivo.
Pero muy frío para obligar a buscar refugio en brazos ajenos.

En flacos brazos nacarados. Quién lo iba a decir.

Aprendí algo muy importante a raíz de aquel Enero, preludio de la primavera más jodidamente fría en 20 años. Aprendí del desamor y la ilusión, de lo fácil que es escribir con el corazón roto, de lo mucho que duelen las musas cuando te desnudan. De cómo algo de latín te puede salvar la cordura, o bien romperte bien fuerte todas las células. Aprendí de Hume, de sus elsolnosaldrámañana, de que las letras estilizadas en mis apuntes llevan a la incertidumbre. Aprendí que si alguien lleva un paraguas rojo, no debes abordarle por la calle; que es peligroso.

Aprendí lo poco que sé resistirme a la belleza, con B mayúscula, con B de basta ya, por favor.

Pero, sobre todo
aprendí sobre Ícaro.
Él no quería desafiar a los dioses.
Si se acercó al sol
y cayó al mar
fue porque estaba enamorado.

martes, 1 de enero de 2013

Bienvenida, mala suerte

Qué decir de un año que empieza.

Mi única tradición, desde mucho antes que este espacio existiera, era despedir el año con un texto, siempre lleno de incertidumbre. No seré tan altiva como para decir que poca gente sabe lo que es recibir la perspectiva de 365 días salpicados de manchas negras. Muchos lo saben. Ese pavor intenso a sufrir, un año más, un día más. Te atenaza los músculos y te crece el pecho para que el corazón pueda esconderse más fácilmente. Lo encerré tanto tiempo en su cámara blanca que salió algo hermético y pidiendo abrazos de sol.

El problema es que sólo hay una persona en el mundo de quien quiera abrazos de sol.

Brindemos, joder. Brindemos porque estamos vivos. Brindemos por la capacidad de sufrir de Stendhal, que nunca hay suficientes catarsis.

Disculpen mi vocabulario. Es producto de una larga y fantástica noche.

Por no respetar, no respeto ni mis propias tradiciones. Quiero repartir abrazos, no quiero difundir miedo.