Qué decir de un año que empieza.
Mi única tradición, desde mucho antes que este espacio existiera, era despedir el año con un texto, siempre lleno de incertidumbre. No seré tan altiva como para decir que poca gente sabe lo que es recibir la perspectiva de 365 días salpicados de manchas negras. Muchos lo saben. Ese pavor intenso a sufrir, un año más, un día más. Te atenaza los músculos y te crece el pecho para que el corazón pueda esconderse más fácilmente. Lo encerré tanto tiempo en su cámara blanca que salió algo hermético y pidiendo abrazos de sol.
El problema es que sólo hay una persona en el mundo de quien quiera abrazos de sol.
Brindemos, joder. Brindemos porque estamos vivos. Brindemos por la capacidad de sufrir de Stendhal, que nunca hay suficientes catarsis.
Disculpen mi vocabulario. Es producto de una larga y fantástica noche.
Por no respetar, no respeto ni mis propias tradiciones. Quiero repartir abrazos, no quiero difundir miedo.
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