sábado, 11 de agosto de 2018

Sabor a fresas silvestres

Una alegría histriónica, casi compulsiva. Risas. Chillidos. Me encuentro de pronto en un cuerpo sin dolores, con el corazón despertando y ojos que sonríen. Todo va bien. Me he encontrado en este momento exacto. Me decido, me tiro hacia delante, me arriesgo. Hoy será una gran noche.

Pero la fugaz visión de una camiseta verde y melena rubia me paraliza. Noto el instante exacto en el que mi sonrisa se desliza como si fuera cera y mi cara se queda estática en una expresión de pavor e incredulidad. No puede ser. No, joder. Hoy no. Hoy debe ser una gran noche.

Así que cambia el escenario, la ansiedad planea sobre mi estómago, recuerdo que otra vez apenas he comido. Odio perder el apetito; siempre significa la última barrera de control sobre mi cuerpo. Mi pobre cuerpo, mi hogar. [lo siento lo siento]



La chica que ponía nombre a las moscas es una realidad. Creía que jamás volvería a conocer a alguien a quien poner un título largo, pero ella existe. Tiene tics que nunca reconocería, y algunos de los que se ríe sin maldad. No hay maldad en su carne, sólo promesas, amor, luz y un mundo interior tan inmenso que estoy deseando perderme.

-Siento estar soltándote toda esta mierda.
Sonríe, de esa forma en la que puedo escuchar sus labios.
-Me estás descubriendo una parte preciosa de ti.

Tardo en darme cuenta. Tardo más de lo que me gustaría reconocer, porque la ansiedad me devora viva, el trigger me abraza firmemente y mi cuerpo está descontrolado ante tantas cosas que no sé gestionar. Lamento muchísimo haber sido incapaz de enamorarme en los últimos seis meses. Habría traído problemas y privaciones pero a veces deseo con todas mis fuerzas poder enamorarme de quien tengo a mi lado, poder darle mucho más. Recuerdo mucho a la ninfa diciendo con esa firmeza suya que las cosas no se pueden forzar, que los sentimientos no llegan, surgen. ¿Surgen? ¿O explotan?

Yo te quiero, jardinero. Ojalá mi presencia en tu vida te dé la mitad de paz, estabilidad y calidez que me da la tuya.

Y sí. Explotan.