lunes, 23 de julio de 2012


-Pero como no te voy a querer, mujerniña -contestaba con una sonrisa. Y ella aleteaba las comisuras de los labios, porque claro que lo sabía, pero le gustaba tanto escucharlo que de vez en cuando fingía una lágrima o dos y lo preguntaba, como si fuera nueva, como si no se conocieran.

Estaban haciendo planes como cualquier pareja. Miraban al futuro sin miedo y cuando a una le temblaban demasiado los párpados, la otra preparaba té y le lamía las lágrimas, con el olor a mermelada de cereza flotando.

A veces sacaban los colchones a la terraza y se dejaban picar por los mosquitos, en las noches despejadas. No sabían mucho de constelaciones y se inventaban las historias, que de mitología un rato sí que sabían.

Un día, una de ellas se despertó gritando de una pesadilla. La otra se apresuró a abrazarla y dejarla llorar. Solo era un sueño, solo era un sueño...

-Prometeme que me darás besos lentos todos los lunes, antes de levantarnos -exigió con voz acuosa y algo vacilante.

-Todos los días si quieres.

-Los lunes -insistió-. Todos los lunes.

-¿Para empezar bien la semana?

-Para que se me olviden las pesadillas de la semana anterior.

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jueves, 12 de julio de 2012

A cualquier vista

La primera vez que Esmeralda se suicidó, había hecho que le escribieran por todo el cuerpo en tinta azul, que en su piel de gitana se volvió casi negra. Ese día se puso una venda en los ojos y se perfumó en las muñecas y la garganta. Con el paso ágil de bailarina, caminó decidida por las callejuelas más peligrosas de París, hasta que consiguió lo que deseaba. Llevaba puesto un vestido muy burgués, que alguien había robado para ella, y no tardó mucho en ser asaltada. Insultó, humilló y utilizó sus malas artes de hechicera para herir a su agresores, y ellos acabaron atacándola. Primero la golpearon. Uno de ellos le dio tal tirón a la cabeza que se quedó en su mano un mechón de cabello espeso. Eso despertó su furia y se dio cuenta de que no quería morir. Luchó, pataleó, suplicó, ofreció y consiguió conservar la vida. Los malhechores la violaron de dos en dos o de siete en siete, eso no pudo recordarlo jamás, pero la dejaron viva. Con la tinta intacta en su cuerpo magullado, y los ojos secos. Tardó meses en volver a llorar. Cuando consiguió volver a casa, se lavó concienzudamente hasta que el cuerpo se quedó limpio y sólo se le veían las heridas.

La segunda vez que Esmeralda se suicidó, ni siquiera llegó a salir a la calle. En su propia cama deshecha, con su amante de nieve a su lado, le dijo sin ningún sentimiento que no la amaba, que no quería volver a verla. Y lo dijo de tal forma que ella misma se lo creyó y se quedó tan sola como Venus, y casi tan venenosa. Ese día rompió su corazón en mil partes pero todo lo que había escrito en él se quedó intacto.

En el trozo más grande estaba escrito "Perdóname, Blancanieves"

Voulez-vous venir avec moi?

La escuchas caminar lentamente hacia ti. Sus pies descalzos apenas se intuyen en la quietud de una noche demasiado oscura, pero sí oyes claramente el familiar roce de la ropa rota contra su cuerpo de porcelana y maldad. Casi puedes ver su sonrisa. Se detiene a pocos pasos de ti. El corazón empieza a temblarte antes de darte la vuelta y verla.

Y está más hermosa que nunca, más salvaje, más desgarrada. Más triste, más maliciosa. Más profanada y más entregada. Más Remy. Te sonríe con el descaro de quien sabe que no es bienvenido. Ves en sus ojos oscuros y rojos que pretende quedarse y te alejas. Y ella se acerca, casi hasta rozarte y te mira fijamente, apenas parpadea, y cuando lo hace es para que al volver a mirarla sea más fácil quedarte anclada en su mirada opaca.

-¿Me has echado de menos?

A pesar de todo, qué dulce suena su voz. Qué aguda, y cómo se te clava dentro, pero qué dulce forma tiene de acariciar tus tímpanos.

-No es la primera vez que vienes ¿verdad? He estado notándote últimamente.

-Has estado convocándome, querida, aunque no quieras reconocerlo. Dime que me has echado de menos.

-Que te jodan.

Y se ríe. Y te maldices porque su risa suena como las campanitas en la antesala del infierno y sigue estando más bella que nunca. Recorres con los ojos las curvas semidesnudas de su cuerpo, reparas en las heridas de sus muslos y sabes sin ninguna duda que se las ha hecho ella misma. Y entonces te das cuenta de que Remy sí te ha echado de menos. Cuando acorta la distancia y te besa en los labios por primera vez, no puedes hacer nada más que rendirte a ella. Te abraza, te besa, te acaricia, y tú te dejas hacer porque qué cosas tan horribles dice, pero qué dulce es su voz... "He intentado que vinieras conmigo varias veces, pero siempre te resistes. Y me tratas así, querida mía, como si yo no fuera nada, como si nunca me hubieras amado. ¿Y por qué? ¿Por Ella? ¿Por paz, por inspiración? Sé que me has echado de menos tanto como yo a ti. No estás viva sin mí. Sabes que todo eso que crees sentir no será para siempre, que volveré a ti, y será hermoso porque estaremos juntas, pero sufrirás porque tendrás que acostumbrarte a mí. Tú y yo estamos hechas para brillar cogidas de la mano, no puedes deshacerte de mí, no puedes deshacerte de mí."

-Pero yo la amo -lloriqueas, sobrepasada, sobrecargada-. Y no quiero tenerte cerca, me destrozas. No quiero que estés aquí. Vete, vete...

Pero la abrazas mientras lo dices. No la quieres a ella contigo esta noche, no lo deseas, pero está ahí y su cuerpo venenoso te envuelve con el cariño de quien te ha visto en el peor de los infiernos. Y sigue diciendo cosas horribles, que apenas puedes escuchar por lo rápido de su tono y ya te corrompe el alma. "No puedes deshacerte de mí", repite como un mantra. Se acerca a tu oído. Su pecho se aprieta contra el tuyo. Está recurriendo burdamente a utilizar su atractivo lujurioso para tentarte y atraparte, y la odias y te odias.

-Todas esas noches que, con todo ese amor que dices sentir en tus venas, acababas durmiéndote llorando sin saber por qué, yo te estaba llamando. Y tú acudías a mí sin saberlo. ¿Es que no te das cuenta?

Quieres matarla. Quieres golpearla y herirla y mutilarla y hacerle tanto daño que no pueda recuperarse jamás. Pero tus brazos son pesados y siguen abrazándola como si fuera un salvamuertes, como si tuviera llaves secretas cuando sólo tiene cerrojos. Lo sabes, lo sabes, sabes que no está bien, que no lo deseas, que no la quieres, pero Remy está aquí contigo dándolo todo, entregándose a ti, suplicándote que la aceptes de nuevo y estás tan triste que sólo puedes abrazarla mientras sollozas. Deseas que tu corazón se convierta en un nido de serpientes, que ella lo apreciaría de verdad y sólo puedes quedarte encerrada en su abrazo putrefacto, gimiendo que te deje sola, resistiéndote a soltarla.

lunes, 2 de julio de 2012

Breaking down is coming

¿Te queda algún recuerdo que no haya sido quemado? Me dicen que la biblioteca de tu memoria ha imitado un poco a Alejandría, y tu ansia pirómana quemó algunas cosas con rabia. Casi quería detenerte y no me atreví. El calor evaporaba la tristeza y sólo te dejó la amargura, carbonizándote. ¿Qué querías destruir?

Cuando el fuego se extinguió, te vi con las lágrimas solidificadas en tus mejillas, recogiendo las cenizas humeantes.

Dicen que nunca te separas de la urna que contiene tus recuerdos.

~~~~

Tumbada semidesnuda el calor no consigue traspasar tu piel. Tienes el corazón erizado de terror y soledad. Hace frío dentro de ti. Sientes frío dentro de ti. Cierras los ojos con fuerza y tu imaginación invoca desesperada un brazo en torno a tu cintura. El brazo fantasmal te roza cariñosamente, sabes que no es real. Y cuando empiezas a llorar sin moverte, una mejilla se recuesta contra tu espalda y una vocecita rescata palabras que deseas escuchar sobre todas las cosas. Sientes los engranajes de tus ojos deteniéndose, porque ya no es tan duro y ya no estás tan sola.

Y sabes que no es real.

~~~~

Paséate los dedos por las caderas. Así, suavemente. Siente tu piel como si fuera otra. Ve hacia el costado, sube por las costillas. Nada en el océano nocturno que eres. Tócate disfrutándote. Sabes qué quiero decir. Así no. La boca es suave. Las mejillas limpias, la nariz redondeada. Baja un poco. Un poco más. Otro poco más. Siente el valle del vientre, su tersa suavidad. ¿Te apetecen los muslos? Son blandos y sedosos. ¿Quieres seguir? Dirígete al sexo entonces. Tócate un poco por encima de la tela...

Ah. No. Lo entiendo. No notas incandescencia, puedes parar. No ardes, no pasa nada. Veo como la sensación de tu sexo vacío te empieza a helar. Y como poco a poco tu mente se abstrae.

Qué bella estás, princesa, en el limbo sin descanso, con las rodillas entreabiertas y el frío resbalando por tus hombros.

¿Quieres un abrazo?

Abrázate entonces.


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Esto sólo está escrito en tu imaginación

Si esto es el principio del verano, más vale que el desarrollo sea mejor.

Me despido con una espiral azul, porque estoy obsesionada contigo, y vuelo hacia el teclado un momento. Es que ha habido un momento tan poético... Mientras me dabas calor a distancia, y se te fruncía el ceño algo preocupada, las lágrimas de agotamiento me han manchado la almohada. Inestabilidad, lo llamo yo, y tiene tantísimas vertientes. De mis ojitos rojos salían muchas cosas con el cansancio crónico: frustración, por demasiadas cosas. Preocupación. Decepción. Se me ha metido un poco esa crueldad que no deseo y por un milisegundo la rabia se ha esfumado.

Pero no. No se va. Aquí estoy, escribiendo a escondidas, sin más deseo que encender la vela. Estaba tumbada en nuestro santuario, queriendo rezarte. Añorando patológicamente la paz de tu cuerpecito nacarado, como mis pendientes favoritos, la luz de tus pupilas emocionadas, la magia bailando en tus clavículas y clavándoseme un poco en el alma con tus abrazos de Lolita, de Dolly. Que me astilla tu cariño, que tu ausencia me hace daño, que hoy te echo de menos, que sin tus manos no me sostengo. Que quiero ser tu pilar, tu toldo, tu paraguas, tu almohada, tus velas encendidas en verano, en pleno día.

Y...

Y...

Y nada, me voy a dormir.