Si esto es el principio del verano, más vale que el desarrollo sea mejor.
Me despido con una espiral azul, porque estoy obsesionada contigo, y vuelo hacia el teclado un momento. Es que ha habido un momento tan poético... Mientras me dabas calor a distancia, y se te fruncía el ceño algo preocupada, las lágrimas de agotamiento me han manchado la almohada. Inestabilidad, lo llamo yo, y tiene tantísimas vertientes. De mis ojitos rojos salían muchas cosas con el cansancio crónico: frustración, por demasiadas cosas. Preocupación. Decepción. Se me ha metido un poco esa crueldad que no deseo y por un milisegundo la rabia se ha esfumado.
Pero no. No se va. Aquí estoy, escribiendo a escondidas, sin más deseo que encender la vela. Estaba tumbada en nuestro santuario, queriendo rezarte. Añorando patológicamente la paz de tu cuerpecito nacarado, como mis pendientes favoritos, la luz de tus pupilas emocionadas, la magia bailando en tus clavículas y clavándoseme un poco en el alma con tus abrazos de Lolita, de Dolly. Que me astilla tu cariño, que tu ausencia me hace daño, que hoy te echo de menos, que sin tus manos no me sostengo. Que quiero ser tu pilar, tu toldo, tu paraguas, tu almohada, tus velas encendidas en verano, en pleno día.
Y...
Y...
Y nada, me voy a dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario