martes, 9 de diciembre de 2014

Lo espantoso de la felicidad

Estudia, trabaja, sé libre, sé responsable, no tanto, así no, cambia, ¿por qué no eres como los demás?, acaba, continúa, sigue, para. Tropieza. Quédate en el suelo arrodillada, que no se te note mucho, hija de puta.

Lo espantoso de la felicidad es que se acaba. Y te comes una buena mierda hasta que vuelve, pero no vuelve. Hueles, sabes y te ves mal. Luces como una discoteca con las luces encendidas.

Lo espantoso de la desdicha es que se acaba. Y llega el miedo, llegan las dudas, llega la luz que lo destierra todo.

Lo espantoso de entregarse es que no sirva de nada.

Lo espantoso de escribir es que alguien lo lea.

Lo espantoso de llorar es que te pidan que pares. O lo ordenen.

Lo espantoso de todo. El poso del dolor. Y la rabia ciega, sorda, incalculable, ante todas las personas que a lo largo de mi vida me han engañado, me han vendido una versión que está descatalogada, me han convencido de unas verdades que sólo me creo yo. Me habéis moldeado para un mundo en el que no se puede encajar con corazón. Me habéis prometido unos frutos deliciosos a cambio de sacrificios excesivos, para más tarde servirme a la mesa un plato de microondas. Se me prometió apoyo, amor, un hombro y un beso, y sólo tengo frío.

Lo espantoso de la rabia es que yo también me acabo.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Cut out all the ropes

-¿No sientes que te estás conformando?

Apoyo la cabeza sobre el hombro de Remy. Después de tanto tiempo y tantos desgarros, empiezo a pensar que tal vez es ella el verdadero amor de mi vida; y tal vez funcionaría si no estuviéramos enamoradas de la misma persona.

-¿Tú lo sentirías? -se apresura a negar con la cabeza-. "Conformarse" no abarca en absoluto lo que está pasando.

-¿Pensaste que acabaríamos así?

-¿Quién dice que estamos acabadas?

-Qué poco te soporto cuando estás optimista.

Me echo a reír, siento sus labios en mi pelo. Remy está últimamente cariñosa, por mucho que proteste por mi empeño de ver flores en las ruinas.

-La próxima vez que te salga una herida -susurra, estremeciéndome con su voz ronca-, prometo que en vez de sacarte el puñal lo untaré en aceite de limón y romero.

Sé qué es lo que está pensando. O en quién. Incluso me atrevería a adivinar cómo.

-Remy, ¿qué deseo pedirás para el próximo año?

Desliza dos dedos hacia la carótida en mi cuello y los deja reposar, sintiendo mi pulso. Noto la gravedad en su gesto y me estremezco, expectante.

-Pediré que cicatrices, querida mía.

Me incorporo para abrazarla. Al separarnos tiene los ojos húmedos, manchando delicadamente sus mejillas de rímel. Beso los restos de maquillaje y sé que sonríe porque piensa que el carmín me queda mejor en los labios.

-¿Quién te curará a ti?

-No quiero curarme. Quiero que me ayudes con las alas. De verdad, por favor, ayúdame a reconstruirlas, a mí se me ha acabado el pegamento.

Esta vez, soy yo quien tiene los ojos rebosantes de lágrimas, que se deslizan por sus manos cuando las beso sellando una promesa cíclica.


viernes, 18 de julio de 2014

Dandellion

Me he equivocado.

Las heridas no sanan.

Las heridas no se curan.

Las heridas no se esconden.

Las heridas se arrancan, las costras se queman, hasta poder observar

como bestias enloquecidas

el poso del dolor.

Y si este poemademierda tiene forma de mujer, es únicamente por casualidad. O porque, por desgraciada suerte, todo tiene forma de mujer.


viernes, 13 de junio de 2014

La abominable mujer de los cristales

La luz es horrorosa. Sé que ahí fuera está amaneciendo, y una parte de mí quiere sentarse en el puerto y sentirse muy triste viendo el alba, bañarme en la claridad. La otra parte de mí, más dominante, se balancea suavemente al son de una música tan espantosa como la luz. Tengo la cabeza ligera por primera vez en semanas, pero el corazón pesa. Estoy asustada. Me siento al filo de la navaja, y no sé decidir si me quedo aquí por valentía o por pavor. Los pies me duelen horriblemente, gracias a mi proverbial mala suerte. Un dolor sordo, casi agradable, se insinúa en algún punto de mi pierna izquierda.

Me rodean diferentes tipos de personas. Hay un pequeño grupo que aprecio, y una persona a la que quiero sinceramente. El resto, son desechos. Vagamente, me pregunto si ellos me verán también como un desecho. Por desgracia, sé que no es así. Estos insectos repugnantes me lanzan miradas apreciativas que me hacen sentir indescriptiblemente sucia. Más de uno ha tenido la osadía de intentar tocarme. Ahora mismo, al otro lado de este horrible lugar uno de ellos me está mirando. No tiene absolutamente nada que le diferencie del resto de microbios: rostro anodino e inexpresivo, ropa fea y cara, horas de gimnasio y algo de cocaína. Se está dirigiendo a mí, y no puedo sentir más que indiferencia. Tiene una sonrisa que me da ganas de vomitar, pero eso cambia mientras se va acercando. Cuando llega a mí, está serio. Sin tocarme, se inclina sobre mi oído y habla. Me sorprende poder oírle por encima de la música, me sorprende que no intente tocarme y me sorprende incluso más lo que dice.

-¿Sabes? Iba a entrarte, pero tienes la mirada de un animal atrapado.

Me quedo estupefacta. No sé cómo reaccionar, ni qué se supone que debo sentir. Estoy paralizada. Hace un gesto que, supongo, significa que ha reafirmado su opinión ante mi respuesta. O la falta de ella. ¿Quién es esta persona? Si no es más que un desecho, ¿por qué me ha detectado? Se aleja sin volverse, sin saber lo que ha hecho.

Me disuelvo en la placidez del alcohol, en lo insondable de recibir esta sentencia. De repente tengo 19 años, estoy en la maldita Majadahonda, llevo una camiseta roja y estoy en un despacho que, aunque pretende ser cálido, me hace tener frío en pleno agosto. Y está este hombre horrible al que odio profundamente, con su mirada compasiva, su voz suave y su ridículo peinado. Y su voz resuena en mis oídos, dentro de mi cabeza, casi tres años después, diciéndome que tengo tanto dolor dentro de mí que ni siquiera conozco su inmensidad. Que me niego a verlo. Que enfrentarme a ello me haría tanto daño que la sola idea de intentarlo me lleva al llanto. Y le odio, por cómo me ha condenado, porque jamás hasta ese momento me había sentido tan expuesta, tan indefensa.

Parece ser que mi coraza de traumas desconocidos, y muchas heridas supurantes, me rodea esté donde esté. Incluso al filo de la navaja.

jueves, 29 de mayo de 2014

Nankurunaisa, joder

La herida entre mis piernas palpita. Ella sí es una zorra. Te echa de menos, y se siente impaciente y vacía, y yo me quedo muy quieta esperando que se tranquilice porque no sé cómo explicarle que ya no existes. Pero ella recuerda tus ojos, recuerda tus manos, y brama enfurecida. Excitada. Caliente, ansiosa. Inevitablemente, algo de eso me repta hasta el pecho y te echo de menos, hija de puta. Aunque haya desaparecido la luz al mirarme, aunque apenas recuerdes mi nombre, aún vives dentro de ese cuerpo que he venerado hasta el cansancio sin cansarme. Y dueles. Es lo mejor que sabes hacer, ¿lo sabías? Dueles como si me hubieras abierto el pecho, como si te hubieras ensartado un arpón. Dueles como una ballena gigante, o un elefante invisible. Florecen las paredes, y mi espalda se queda mustia, sin buscar el sol. ¿Recuerdas cuando buscábamos juntas el sol? Ja. Claro que no. Tienes las costillas lenas de veneno, rabia, decadencia y rencor. Has olvidado el color de mis gemidos y sólo recuerdas el olor de mis gritos. Me dueles en el cuello y en las muñecas. Te retuerces justo encima del estómago y apenas puedo comer sin lágrimas. No hablemos de beber. Hablemos del porro que tengo liado desde hace 3 semanas, con tu nombre grabado, esperando que mires mis jardines y no mis cementerios. Y lo peor, lo peor de todo esto, lo peor de estar borrando poco a poco las líneas de mierda que nunca conocerás, lo peor de que tu nombre duela más que la herida entre mis piernas, lo peor de tirar tus apuntes y romperme la piel para poder sentirte...

Lo peor es que aún podrías curarme.


" El dolor es extraño. Un gato que mata a un pájaro, un coche accidentado, un incendio...
Llega el dolor, BANG, y allí está, se introduce en ti. Es real. Y para cualquiera que te vea, parecerás un imbécil. Como si te hubiese caído una idiotez repentina. No hay cura para ello mientras no encuentres a alguien que comprenda cómo te sientes y sepa cómo ayudarte".
Mujeres. Charles Bukowski

jueves, 8 de mayo de 2014

Basado en hechos reales

La reunión resultaba soporífera. Erin caminaba al final del grupo, observando a cada uno de los miembros, cada cual más insignificante que el anterior. Había sólo una excepción. Ya se conocían, y era el único que tenía una conversación fluida. No tenía nombre, jamás lo había tenido; al menos, no con Erin.

En ese momento, estaba hablando de restos fósiles. Había encontrado un pequeño museo en un pueblo aragonés con restos de animales que, sostenía, podían clonarse. Y que sabrás tú de la clonación si eres de letras, pensaba Erin. Era injusta y lo sabía, él tenía tres carreras a sus espaldas y más de 10 años de viajes internacionales.

-Sabía que tú lo entenderías. Al fin y al cabo, siempre hemos estado enamorados el uno del otro.

El brusco cambio de la conversación la hizo estremecer. Apretó los labios, mientras una fugaz sonrisa perlada titilaba en su mente.

-Yo no estoy enamorada de ti -replicó. Tal vez con demasiado énfasis.

Él no cometió el error de ofenderse. Sonrió con desenfado y le dedicó una mirada indescifrable.

-Tal vez ya no lo estés. Pero yo sí.

-¿Y qué pretendes decir con eso? Soy ya muy mayor para que me conquisten -él se encogió de hombros.

-Sólo alguien que no te conociera creería que es posible conquistarte. Sabes muy bien lo que puedo ofrecerte, y sabes mejor que no voy a pedirte absolutamente nada. Que esté enamorado de ti no significa que no tenga una vida a la que tú no puedes entrar.

Su sinceridad le gustó. Le gustó tanto que tal vez en ese mismo momento habría caído a sus pies con el corazón en las manos; si aún lo tuviera, claro. Se planteó si aclararle que nunca había estado enamorada de él serviría de algo, pero la crueldad gratuita no le apetecía. ¿Realmente él lo había estado siempre? Era incapaz de entender por qué no lo había notado.

-Supongo que también sabes que lo que puedo ofrecerte no es nada remotamente parecido a una relación romántica.

Él asintió. No parecía entristecerse por eso.

-Sé que no tienes corazón, Erin. Nunca me contaste qué te pasó.

Ella se detuvo. Inmediatamente, con la compenetración que otorga muchísimos años de estrecha amistad, el hombre sin nombre la abrazó. Para Erin, los abrazos eran más peligrosos que las balas y sus ojos no tardaron en llenarse de lágrimas. Sentía caricias en su cabello.

-Lo siento, pero no se lo he contado a nadie.

jueves, 1 de mayo de 2014

Aforismos (o epitafios)


La resiliencia puede mermar si la red de apoyo se tambalea.

Los mosquitos me lamen los muslos y yo me echo a llorar.

Esta noche todo se dilata; y no hablo de pupilas, pezones o labios.

Ella sigue y yo no la consigo.

De rodillas, tu ira parece más grande.

El problema es que yo me creía invencible.

Perdona, ¿te importa no mirar el boquete en mi pecho?

You are too beautiful to be unhappy.

No es que tenga capacidad, es que tiene el poder en sus manos. Para destruir y crear, y apenas se da cuenta.

Mi pecho es una jaula muy sucia; a las chicas-pájaro no se las aprisiona. Tranquila, entiendo que quieras irte.

Tal vez lo más bonito que puede hacer una persona por otra es besar sus defectos.

No siempre lo mejor es la mejor alternativa.

Enciendes fuegos artificiales sin abrir las piernas; eres así de peligrosa.

El 2014 me ha quitado el placer de contarte las pestañas mientras duermes; prefiero muerte.

Esa sonrisa cuando con una frase destrozas un futuro, que no te la quite nadie, preciosa.

Los puntos finales me hacen vomitar. Los puntos suspensivos me dan pesadillas.

lunes, 14 de abril de 2014

Diagnóstico relacional de un balazo

Realicemos un cuadro diagnóstico.

Personalmente, mi teoría favorita es la sintomatológica. No creo que las redes tengan tanta importancia en todos los casos como quieren hacernos creer. Y lo sistémico pierde fuerza ante la sencillez de una pregunta: ¿Qué función tiene en tu vida perpetuar esa actitud?

De modo que empecemos por la punta del iceberg, adentrándonos en mi amadísima sintomatología. Dios, se me llena la boca sólo diciendo la palabra. Sintomatología. Si fuera mujer, ahora mismo se lo estaría comiendo con desesperación. Sintomatología.

La función del síntoma es mantener la homeostasis del sistema, de modo que se lleve a cabo un cambio 1. Recordemos que los cambios 2 son muy peligrosos, y que su implantación siempre va relacionado a un proceso de crisis que puede llegar a cronificarse, afectando de forma muy grave al sujeto de forma relacional, especialmente en cuanto a la comunicación.

En este caso, el síntoma es lo que la paciente llamaría dolor emocional, que manifiesta mediante frases cortas y explicaciones largas, dando a entender que tiene el discurso preparado. En nuestra opinión profesional, y basándose en la experiencia, la paciente no quiere enfrentarse a la causa subyacente del síntoma, por lo que se escuda tras una retórica infinita, lo que nos forma una idea de su conducta relacional. Objetivamente, observamos que el síntoma en su caso se manifiesta con largos períodos de inactividad y desidia, llanto, y aislamiento. Este último es relativo, ya que no se niega en salir fuera del entorno que se ha creado. Al preguntar la causa de lo que llama dolor emocional, lo único que contesta es "se me ha roto todo". Obviamente, esto no nos ayuda en absoluto a esclarecer la causa del síntoma.

El entorno directo de la paciente es su familia cercana, círculo de amistades con el que mantiene contacto semiregular, círculo académico, y su pareja. No ha querido hablar de ninguna de estas partes, algo que trabajaremos en  próximas sesiones. La única información que hemos podido esclarecer de forma preliminar ha sido mediante su empadronamiento familiar, si bien la paciente ha insistido en que no reside en casa de sus progenitores actualmente.

La única hipótesis que podemos formular, preliminarmente, es que la paciente mantiene el síntoma para no tener que enfrentarse a la verdadera causa, lo que nos sugiere que está más arraigada de lo que parece. Su sistema de comunicación, si bien ella pretende que sea digital, es profundamente analógico. La recomendación para el siguiente profesional que hable con ella, es que averigüe más acerca de su entorno y de sus apoyos.

Y mi recomendación personal es que nadie me levante jamás de una cama en la que hayan ojos azules.

martes, 8 de abril de 2014

Resiliencia, o la ausencia de ella

"Contemplen esta maraña de espinas".

La primera vez que la vi, se había colado en mi habitación. Dulcemente, me destapó la cabeza, sopló mis lágrimas, me desconsoló y se marchó sin violencia, como un preludio de lo que su presencia sería en mi vida.

Ahora se arrastra hasta mí sollozando como una moribunda; está preciosa, más que nunca. Daría la mitad de mí misma por recuperarme y poder consolarla, poder besar esas mejillas y acompañarla... pero no me muevo. Y sin vacilar, muy lentamente, Remy se acerca a mí. Lleva un vestido infinito y las uñas negras. Se ha cortado el pelo, a la altura de las orejas y no puedo evitar estremecerme.

-Cariño... cariño... oh, ven, lo siento, lo siento -y, sorprendentemente, intenta consolarme a mí, siendo ella la que está más destrozada que nunca. Me acaricia el cabello, se entierra en mi hombro-. No lo vi, tendría que haberlo visto, habértelo dicho...

-Remy -empiezo sin entender nada-. ¿De qué estás hablando?

Me mira a los ojos por primera vez, y lo veo. Joder si lo veo. Intento escapar de su mirada oscura y penetrante, y me topo con sus manos. Por Dios, que deje de tocarme ahora mismo, no lo aguantaré, que se vaya, que deje de tocarme, no quiero romperme ahora, que no me toque, que no me toque. Me quedo quieta. Ella se aleja un poco. Está algo más serena, pero siguen cayéndose lágrimas de sus ojos impuros. Coge mi mano, y no dice absolutamente nada.

Supongo que no hay absolutamente nada que decir.


jueves, 27 de marzo de 2014

La materia del dolor

Se me ha olvidado sufrir.

Hace unos años, sabía cómo sufrir, incluso sabía canalizarlo. Llegué a afirmar a un psicólogo reputado que mi dolor era una forma de arte. Con todo el morro, claro. Mirándolo con perspectiva, mi adolescencia fue una larga sucesión de páginas, lágrimas y teclado. Y muchísima frustración, por todas partes, en todo momento. Espero no volver a sentir jamás esa ansiedad continua, esa sed, el hambre de algo que no conocía. Ansiaba vivir, amar, conocer y seguir sufriendo.

Así es como crecemos.

Pero ahora soy una "joven adulta" y ya no sé manejar el dolor. Cierro los ojos, me escondo, me inunda un instante y lo encierro. No quiero, no puedo. Me vacío, me sobrepaso. Tengo las uñas azules como tus ojos porque soy así de imbécil. No puedo.

Tengo una bolsa llena de elpeorerrorquehecometido. He añadido recientemente una creencia; cometí el error de creer que éramos invencibles. Me acomodé. No puedo decir que haya tenido una vida especialmente difícil, por mucho que se me haya dicho; pero sí he pasado por situaciones que deberían haberme enseñado a no acomodarme. Creí que cuidando, amando, consolando, alegrando y dándolo todo sería suficiente, porque joder no sé hacerlo de otra forma. No contigo. No sé beber sin clamar tu nombre, no sé dormir sin tus brazos, no sé pensar si no es en ti. Me he convertido en una persona desechable, y me he vuelto tan dependiente de la vida que despliegas en mí con sólo mirarme que ahora soy absolutamente inútil.

Que no quiero una realidad en la que tus ojos no me miran. No quiero vivir en una casa donde no están tus libros. No quiero dormir en una cama que no huela a ti. No sé hacerlo y no quiero acostumbrarme y no puedo tenerte y no puedo rechazarte. No sé escribir sin repetir estructuras. No sé emocionarme sin tus piernas en mi cintura.

Creo que la próxima vez que me beses me echaré a llorar.

Que se nos ha roto todo excepto el amor; y somos eternas en este sufrimiento que nos desgarra tanto como nos une.



Y tal vez, sólo tal vez, el mayor error de todos es creer (en presente, porque aún lo creo), que puedo atrapar a una ninfa. No me tiembla el pulso al decir que soy capaz de rasgarte las alas antes de permitir que te marches. Porque soy así de imbécil.

jueves, 20 de marzo de 2014

With an old love letter

Se desenfoca, como una fotografía de aficionado. Y se deshace, como un recuerdo muy viejo. No sé si ella, yo, o qué. O qué, eh. Que yo también puedo, aunque no quiera.

Y yo también quiero, aunque no pueda.

Hablemos de espirales interminables y de cómo acaban; en el suelo, quiero decir. Pisoteadas por tantos errores, tantos fallos, tantos silencios y tantas ganas de no recogerlas. Que cómo cansa, que qué duro, que qué triste. Portazo. Vete. Quédate. O qué, eh. No, no, no. Explota la cabeza y hasta las alucinaciones son pesadillas o viceversa o tu puta madre. Duele, acelera, no pares, no pares, te quiero así, dentro, desgarrando. Soy una roca. Eres una isla. Eres una roca. Soy una isla. Erosión, combustión.

Se me vacían las comisuras, las mejillas, los ojos, las manos, las piernas, los brazos, el talento, la fuerza, el corazón. Y sigo en pie, como una figura de carbón. ¡Corazón! ¡Estalla de una vez! Pero hazlo sobre ella, que lo sienta, que le duela y que jamás lo olvide. Si estoy vacía no es porque esté sola, es porque estoy desecha. Odio la casa en la que vivo, diseñada para risas y carreras, donde sólo hay resentimiento. Odio la cama en la que duermo, diseñada para amor y gritos, donde (joder) sólo estoy yo. ¿Y si no lleno mi cuerpo, cómo voy a llenar una cama de 1'35?

Hablemos de que se tambalea todo y ojalá ojalá ojalá pudiera ser tu roca. Ojalá pudiera aferrarme sólo a eso, no a ti, no a mí, no a un futuro que a estas alturas es eufemísticamente incierto. A ser tu roca. Y a solas, ser sólo una roca con la que reventar cristales y destrozarlo todo y tal vez así me recomponga. Tal vez si sigo destruyendo, poco a poco, sin prisa sin pausa, todo lo que hasta ahora he construido me convierta en un monstruo. Sería la abominable mujer de los cristales.

Cada "no" cierra las ventanas y abre una única puerta: SIGUE. No hay nada más que esa maldita puerta envenenada: SIGUE. Sigue, aunque te rechacen, aunque te decepcionen, aunque te decepciones, aunque todas las oportunidades te den la espalda. Sigue, aunque por no tener no tengas ni ilusión. Quiero un foso sin leones, sin osos y sin caimanes. Quiero un agujero en el suelo donde vivir como la espeluznante chica débil que he resultado ser, y levantar cabeza sólo cuando llueva, para recordarte correr bajo la lluvia y enloquecer. Más. Y no te lo diré, nunca lo pronunciaré, nunca dejaré de mentirme. Que no puedo más... Y lamentablemente no puedo menos. SIGUE. SIGUE. Jódete, joder, que no quiero seguir, que me quiero hundir y no despertar y arrancármelo todo y marcarme a fuego y desvanecerme. Si ya no tengo nada.

Bah.

"i am the one who is many
who has been many more
i am stunted by the severing
i prefer to be whole"

Clementine Morrigan



lunes, 10 de marzo de 2014

Vlad es tu sastre, golfa

"Siempre he pensado que tienes nombre y figura de canción"

Algún día, si me esfuerzo muchísimo, sabré corresponder ese delirio tan tuyo y que a la vez es tan mío. Mientras tanto, no puedo más que delirar sobre este teclado, sollozar tu ausencia y soñar soñar.

Tienes las pestañas de vicio y los dedos de pianista [arráncame notas]...
Tienes los labios sucios y la boca dulce.
El pecho abierto y los puños cerrados.
El cabello enredado y las piernas salvajes.
Los ojos más azules del mundo. Los labios de zorra más rojos.
El rostro de hada y la mirada de bruja.
Hechicera.
Malvada.
Temible.
Eterna.
Tienes mi corazón en tu piel.
Y te queda mejor que a mí.



martes, 28 de enero de 2014

Llorar y Bailar

El amor es... demasiado doloroso.
El amor es... demasiado trágico.
Tú eres la tristeza. Eres la tristeza misma.




Que reposen mis cenizas a los pies del árbol que mirará al faro en el que reposarán las tuyas.

Que se pare el tiempo. En un viaje, por favor.

Que nos devuelvan todo, que demasiado nos han quitado ya.

Que somos demasiado jóvenes para todo esto.

Que ojalá más. Y ojalá menos.

Que apenas quedan 10 años de piel tersa y carne apretada. Qué rápido pasa el tiempo.

Si hace apenas cuatro años no sabía ni cómo llorabas. Y ahora no sé ni cómo detenerte. O retenerte. O tenerte, simplemente.

Que Dai te querría menos de lo que lo hago yo, pero tal vez sería más bonito. Pero espero que nunca te des cuenta.

viernes, 3 de enero de 2014

Primer desvarío de 2014 y contando

Me viene a la mente una escena. No estoy segura de si es o no un sueño, tal vez sea una reminiscencia onírica de esta noche.

Estoy sentada jugando con mi botella de una cerveza sin nombre. No recuerdo si la he pedido rubia o morena, y no quiero saberlo. Paseo mis dedos por el cuello y la boca de la botella, recordando cuando acariciaba piel y no cristal. A mi lado, alguien habla. Apenas le dirijo la mirada, no sé su nombre, no me importa. Podría decir que estoy triste, para simplificar mi estado de ánimo. ¿De qué otra forma iba a estar? Me he pintado los ojos con esmero, pero apenas me he peinado y ni siquiera recuerdo qué calcetines me he puesto. ¿Qué coño estoy haciendo aquí?
Ha dejado de hablar. Bebo un poco. Vale, bebo mucho.
-¿Sabes que eres muy sexual?
Estoy a punto de levantarme y marcharme. Asiento vagamente, aún sin mirarle.
-Esa forma de mover los dedos, me refiero.
"No tienes ni idea". ¿Qué va a saber? No ha visto mis dedos en una inmaculada piel perlada. Dejo quietos los dedos y paseo mi mirada hacia fuera, hacia la ventana. Y entonces la veo. Apenas pasan 3 segundos y desaparece, pero ha estado realmente ahí fuera. Iba con prisa, y estaba preciosa. El frío le coloreaba las mejillas, el cabello algo más corto, alborotado por el viento, que se apartaba con impaciencia de su bello rostro. Las manos enfundadas en unos guantes negros de cuero, y unos pequeños zapatos sin tacón grises.
Ahora sí me levanto, de repente asqueada por todo este sitio, por este bar del que no sé ni el nombre, y por mi acompañante, que claramente intenta meterse en mis bragas. Inútil.
Fuera, en la calle, no hay rastro de su presencia. Bajo la calle siguiendo su camino, pero ha desaparecido. Ni siquiera la huelo. Se me han apagado los sentidos.

Siempre es enero un mes difícil. No por la cuesta, sino por la bajada. Me refiero a su espalda.

Kokoro, el frío te sienta precioso. Ponlo en mi esquela, o preséntalo como prueba en cualquier juicio contra mí. "Señoría, el frío le sienta precioso". Y la risa, y el llanto, y yo. Y los gatos.

No dejes de (des)aparecer en mi mente. Es una orden.