martes, 28 de enero de 2014

Llorar y Bailar

El amor es... demasiado doloroso.
El amor es... demasiado trágico.
Tú eres la tristeza. Eres la tristeza misma.




Que reposen mis cenizas a los pies del árbol que mirará al faro en el que reposarán las tuyas.

Que se pare el tiempo. En un viaje, por favor.

Que nos devuelvan todo, que demasiado nos han quitado ya.

Que somos demasiado jóvenes para todo esto.

Que ojalá más. Y ojalá menos.

Que apenas quedan 10 años de piel tersa y carne apretada. Qué rápido pasa el tiempo.

Si hace apenas cuatro años no sabía ni cómo llorabas. Y ahora no sé ni cómo detenerte. O retenerte. O tenerte, simplemente.

Que Dai te querría menos de lo que lo hago yo, pero tal vez sería más bonito. Pero espero que nunca te des cuenta.

viernes, 3 de enero de 2014

Primer desvarío de 2014 y contando

Me viene a la mente una escena. No estoy segura de si es o no un sueño, tal vez sea una reminiscencia onírica de esta noche.

Estoy sentada jugando con mi botella de una cerveza sin nombre. No recuerdo si la he pedido rubia o morena, y no quiero saberlo. Paseo mis dedos por el cuello y la boca de la botella, recordando cuando acariciaba piel y no cristal. A mi lado, alguien habla. Apenas le dirijo la mirada, no sé su nombre, no me importa. Podría decir que estoy triste, para simplificar mi estado de ánimo. ¿De qué otra forma iba a estar? Me he pintado los ojos con esmero, pero apenas me he peinado y ni siquiera recuerdo qué calcetines me he puesto. ¿Qué coño estoy haciendo aquí?
Ha dejado de hablar. Bebo un poco. Vale, bebo mucho.
-¿Sabes que eres muy sexual?
Estoy a punto de levantarme y marcharme. Asiento vagamente, aún sin mirarle.
-Esa forma de mover los dedos, me refiero.
"No tienes ni idea". ¿Qué va a saber? No ha visto mis dedos en una inmaculada piel perlada. Dejo quietos los dedos y paseo mi mirada hacia fuera, hacia la ventana. Y entonces la veo. Apenas pasan 3 segundos y desaparece, pero ha estado realmente ahí fuera. Iba con prisa, y estaba preciosa. El frío le coloreaba las mejillas, el cabello algo más corto, alborotado por el viento, que se apartaba con impaciencia de su bello rostro. Las manos enfundadas en unos guantes negros de cuero, y unos pequeños zapatos sin tacón grises.
Ahora sí me levanto, de repente asqueada por todo este sitio, por este bar del que no sé ni el nombre, y por mi acompañante, que claramente intenta meterse en mis bragas. Inútil.
Fuera, en la calle, no hay rastro de su presencia. Bajo la calle siguiendo su camino, pero ha desaparecido. Ni siquiera la huelo. Se me han apagado los sentidos.

Siempre es enero un mes difícil. No por la cuesta, sino por la bajada. Me refiero a su espalda.

Kokoro, el frío te sienta precioso. Ponlo en mi esquela, o preséntalo como prueba en cualquier juicio contra mí. "Señoría, el frío le sienta precioso". Y la risa, y el llanto, y yo. Y los gatos.

No dejes de (des)aparecer en mi mente. Es una orden.