jueves, 27 de marzo de 2014

La materia del dolor

Se me ha olvidado sufrir.

Hace unos años, sabía cómo sufrir, incluso sabía canalizarlo. Llegué a afirmar a un psicólogo reputado que mi dolor era una forma de arte. Con todo el morro, claro. Mirándolo con perspectiva, mi adolescencia fue una larga sucesión de páginas, lágrimas y teclado. Y muchísima frustración, por todas partes, en todo momento. Espero no volver a sentir jamás esa ansiedad continua, esa sed, el hambre de algo que no conocía. Ansiaba vivir, amar, conocer y seguir sufriendo.

Así es como crecemos.

Pero ahora soy una "joven adulta" y ya no sé manejar el dolor. Cierro los ojos, me escondo, me inunda un instante y lo encierro. No quiero, no puedo. Me vacío, me sobrepaso. Tengo las uñas azules como tus ojos porque soy así de imbécil. No puedo.

Tengo una bolsa llena de elpeorerrorquehecometido. He añadido recientemente una creencia; cometí el error de creer que éramos invencibles. Me acomodé. No puedo decir que haya tenido una vida especialmente difícil, por mucho que se me haya dicho; pero sí he pasado por situaciones que deberían haberme enseñado a no acomodarme. Creí que cuidando, amando, consolando, alegrando y dándolo todo sería suficiente, porque joder no sé hacerlo de otra forma. No contigo. No sé beber sin clamar tu nombre, no sé dormir sin tus brazos, no sé pensar si no es en ti. Me he convertido en una persona desechable, y me he vuelto tan dependiente de la vida que despliegas en mí con sólo mirarme que ahora soy absolutamente inútil.

Que no quiero una realidad en la que tus ojos no me miran. No quiero vivir en una casa donde no están tus libros. No quiero dormir en una cama que no huela a ti. No sé hacerlo y no quiero acostumbrarme y no puedo tenerte y no puedo rechazarte. No sé escribir sin repetir estructuras. No sé emocionarme sin tus piernas en mi cintura.

Creo que la próxima vez que me beses me echaré a llorar.

Que se nos ha roto todo excepto el amor; y somos eternas en este sufrimiento que nos desgarra tanto como nos une.



Y tal vez, sólo tal vez, el mayor error de todos es creer (en presente, porque aún lo creo), que puedo atrapar a una ninfa. No me tiembla el pulso al decir que soy capaz de rasgarte las alas antes de permitir que te marches. Porque soy así de imbécil.

jueves, 20 de marzo de 2014

With an old love letter

Se desenfoca, como una fotografía de aficionado. Y se deshace, como un recuerdo muy viejo. No sé si ella, yo, o qué. O qué, eh. Que yo también puedo, aunque no quiera.

Y yo también quiero, aunque no pueda.

Hablemos de espirales interminables y de cómo acaban; en el suelo, quiero decir. Pisoteadas por tantos errores, tantos fallos, tantos silencios y tantas ganas de no recogerlas. Que cómo cansa, que qué duro, que qué triste. Portazo. Vete. Quédate. O qué, eh. No, no, no. Explota la cabeza y hasta las alucinaciones son pesadillas o viceversa o tu puta madre. Duele, acelera, no pares, no pares, te quiero así, dentro, desgarrando. Soy una roca. Eres una isla. Eres una roca. Soy una isla. Erosión, combustión.

Se me vacían las comisuras, las mejillas, los ojos, las manos, las piernas, los brazos, el talento, la fuerza, el corazón. Y sigo en pie, como una figura de carbón. ¡Corazón! ¡Estalla de una vez! Pero hazlo sobre ella, que lo sienta, que le duela y que jamás lo olvide. Si estoy vacía no es porque esté sola, es porque estoy desecha. Odio la casa en la que vivo, diseñada para risas y carreras, donde sólo hay resentimiento. Odio la cama en la que duermo, diseñada para amor y gritos, donde (joder) sólo estoy yo. ¿Y si no lleno mi cuerpo, cómo voy a llenar una cama de 1'35?

Hablemos de que se tambalea todo y ojalá ojalá ojalá pudiera ser tu roca. Ojalá pudiera aferrarme sólo a eso, no a ti, no a mí, no a un futuro que a estas alturas es eufemísticamente incierto. A ser tu roca. Y a solas, ser sólo una roca con la que reventar cristales y destrozarlo todo y tal vez así me recomponga. Tal vez si sigo destruyendo, poco a poco, sin prisa sin pausa, todo lo que hasta ahora he construido me convierta en un monstruo. Sería la abominable mujer de los cristales.

Cada "no" cierra las ventanas y abre una única puerta: SIGUE. No hay nada más que esa maldita puerta envenenada: SIGUE. Sigue, aunque te rechacen, aunque te decepcionen, aunque te decepciones, aunque todas las oportunidades te den la espalda. Sigue, aunque por no tener no tengas ni ilusión. Quiero un foso sin leones, sin osos y sin caimanes. Quiero un agujero en el suelo donde vivir como la espeluznante chica débil que he resultado ser, y levantar cabeza sólo cuando llueva, para recordarte correr bajo la lluvia y enloquecer. Más. Y no te lo diré, nunca lo pronunciaré, nunca dejaré de mentirme. Que no puedo más... Y lamentablemente no puedo menos. SIGUE. SIGUE. Jódete, joder, que no quiero seguir, que me quiero hundir y no despertar y arrancármelo todo y marcarme a fuego y desvanecerme. Si ya no tengo nada.

Bah.

"i am the one who is many
who has been many more
i am stunted by the severing
i prefer to be whole"

Clementine Morrigan



lunes, 10 de marzo de 2014

Vlad es tu sastre, golfa

"Siempre he pensado que tienes nombre y figura de canción"

Algún día, si me esfuerzo muchísimo, sabré corresponder ese delirio tan tuyo y que a la vez es tan mío. Mientras tanto, no puedo más que delirar sobre este teclado, sollozar tu ausencia y soñar soñar.

Tienes las pestañas de vicio y los dedos de pianista [arráncame notas]...
Tienes los labios sucios y la boca dulce.
El pecho abierto y los puños cerrados.
El cabello enredado y las piernas salvajes.
Los ojos más azules del mundo. Los labios de zorra más rojos.
El rostro de hada y la mirada de bruja.
Hechicera.
Malvada.
Temible.
Eterna.
Tienes mi corazón en tu piel.
Y te queda mejor que a mí.