-Hoy no estoy de humor, Remy.
Ella sonríe brevemente. Se encoge de hombros y me besa en la frente mientras se sienta a mi lado, empujándome hacia la pared con un golpe de cadera.
-Nunca lo estás, cariño.
Me acaricia suavemente el brazo. Sé con qué intención lo hace, me resisto a sonreír. No quiero pensar, me duelen los ojos. Los suyos están abiertos y fijos, umbríos, decididos.
-¿Le echas de menos?
Oh los ojos verdes de A. Su sonrisa deslumbrante, la ternura que a veces no podía esconder. El profundo dolor, el duelo que no sabía gestionar y usaba como arma arrojadiza. El sexo desesperado por volver a encontrarnos, cuando ya nos habíamos perdido.
-No.
-¿Y a ella?
Aprieto los puños. Respiro hondo. Nymph, que hizo de mi corazón un papel y lo rompió curioseándolo. Kokoro, que me disparó a bocajarro en la cabeza con toda la rabia que sentía. La jodida fuerza gravitatoria que sólo dejó de unirnos aquel febrero. La sensación de verla sonreír y saber que todo estaba bien, que estaríamos bien juntas porque estábamos destinadas a estarlo, éramos perfectas y nada podría separarnos.
-A lo que fuimos, a veces.
No sé si quiero llorar o es sólo que me duelen los ojos. Remy me obliga a mirarla sin violencia. Tiene los ojos brillantes y decididos.
-No me refería a la ninfa -y lo dice muy suave, como quien habla en un postoperatorio. Intuye mi intención y no me deja alejarme. Algo parecido a una sonrisa de ánimo aletea en sus labios, trago saliva con dificultad. Tal vez debería beber agua.
-No me hagas hablar de esto.
Remy asienta su sonrisa de ánimo. Sé lo que está pensando. No quiero hablar de esto. No quiero que sea más real, ni tener que reconocer que me asusta lo que ya siento.
-Es desigual ¿vale? De momento no quiero pensarlo.
-Eso te funcionó muy bien la última vez.
-Remy, por favor.
Me da un beso muy suave en los labios. Abraza mis temblores; esta vez se ha recuperado mucho más rápido que yo, le ha tocado ser roca. Dice muy bajito a mi oído que si se me ocurre hablar de niveles me matará. Que podemos bailar sin pensar, y disfrutar sin culpa. Que me merezco disfrutar de algo que me hace sonreír tanto. Niego seis veces con la cabeza y ella asiente siete. El estómago amenaza con desbordar. No quiero pensar, nadie habla en serio y yo no sé bromear cuando deseo algo.
No es hasta que Remy sujeta mis manos contra la espalda que reparo en que esto es un ataque de pánico.
