lunes, 16 de noviembre de 2020

Por favor, vete y/o quédate

 Estoy decidida a joderme la vida.

También lo estoy a tomar una decisión vital que me ancla a esta ciudad agridulce. A enamorarme. A dejar la terapia. A mudarme de autonomía, de país, de corazón.

Ojalá pudiera dejar atrás mi corazón.

Han utilizado los restos de su calor para joderme. Han utilizado los restos que guardaba tan celosamente, que he compartido con cuidado e ilusión, para hacerme daño. Y lo consiguió. Aprieto la mandíbula, cuadro los hombros y sigo. Como siempre. A pesar de.

"Te quiero tanto que lo esconderé el resto de mi vida. Eres la cara que aparece tras mis ojos cuando pienso en morir junto a alguien. Eres la espalda que quiero abrazar en las noches oscuras, la sonrisa que quiero ver brillar bajo el sol. Eres la resignación de nunca tener este futuro realizado.

Eres la tristeza. La desesperación. La frustración.

Eres los cinco minutos sonriendo mientras lloro, eres el abrazo sanador tras semanas de hacerte daño. La celebración de este amor compartido.

Eres la oportunidad que dudo vuelva a tener. El dolor profundo de haberme equivocado".

¿Qué son 15 años?

Una vida entera. En 15 años podría tener una extensión mía a quien, inevitablemente, guardaría rencor. Amaría más que al alcohol y las drogas que me sostienen. Lloraría del terror de provocarle la complejidad de las heridas que arrastraré toda mi vida.

Te quiero tanto que, existas o no, viviré el resto de mi vida esperando que sientas orgullo por mí.



viernes, 26 de junio de 2020

Burbujitas

Hace calor.

Hace calor dentro y fuera de mi cuerpo.

Lava hirviendo por dentro, navegando sin pausa. Del estómago a las piernas, luego al corazón, sube a la cabeza, me arde en las manos. No es un calor agradable, es más bien un jodido volcán amenazando con desbordar. Se me sale por los ojos, por la boca y por los dedos.

Entonces algo me estremece. Una atracción increíblemente abrasadora me atraviesa, me paraliza, me hace sonreír. Tiene los ojos claros, me desconcentran. Es de los que miran con las pestañas caídas, la sonrisa amplia y la timidez bailando en las clavículas. Tiene los labios llenos, las manos grandes y las caderas peligrosas. El cuerpo lleno de tinta y paradójicamente, nada de veneno.

Hace dos años que no siento algo así. El último año ha sido dolor, horror, decepción y la serena resignación de que nada será como antes. Y no lo ha vuelto a ser, ni lo deseo. No quiero esa ilusión burbujeante espantosa, no quiero perder la cabeza por un beso ni recrearme en el cosquilleo de unas manos tocando mi cuerpo y más allá.

Pero es lo que está pasando.

Y lo odio, lo odio.

Y no sabía que lo echaba de menos. Sentir esto, sea breve o indefinido, es como recuperar algo perdido hace demasiado tiempo. Me encuentro a mí misma en este temblor, en este fino equilibrio entre saber que no lo deseo y sentir que lo necesito.


lunes, 23 de marzo de 2020

Día 9

Doy vueltas como un animalito.

Me siento como un animalito. Inquieta, asilvestrada. Estoy llena de una energía que me incomoda, mis habituales rutas de escape están vetadas. La cabeza me va a mil o a cero por hora. Me concentro, respiro hondo, ejercito ese músculo que no sabía que tenía.

Hoy he recordado tus muslos, tu forma de acariciarme, tu risa ahoga en jadeos. Ha sido confuso, un flashazo erótico que no deseaba. No sabía que aún te recordaba así. Recuerdo tus labios rojos, tus pezones claros, una postura que te gustaba, la fuerza salvaje bajo la piel. Pero no recuerdo tu voz. El reflejo del sol en tus pestañas, el beso que te encantaba darme en los hombros. Pero ni una onza de tu voz, del latido en tu pecho. Vacía, hermosa, lejana. Inalcanzable, venerada.

Idealizada.

Los rizos casi tapan mi flor. Mi querida, querida flor, que ahora es multicolor, que representa cosas en las que creo diferente. ¿Belleza? Sí, con B mayúscula con B de basta ya por favor. Pero también bondad. Paciencia. He visto tantas cosas horribles, he sentido tantas cosas espantosas, que ahora sé que la belleza no se encuentra, se construye.

Salgo al balcón, resisto la tentación de encender mi último cigarro. Me pican las manos de las ganas de beber algo, palpito entre las piernas por las ganas de violencia, los ojos arden queriendo llorar. Inquieta, asilvestrada. Se me cruza el pensamiento fugaz de tirarme al parque, mientras pienso en qué libro empezar primero.

Entonces escucho risas dentro de casa.

Respiro hondo y sonrío sin querer.