Estoy decidida a joderme la vida.
También lo estoy a tomar una decisión vital que me ancla a esta ciudad agridulce. A enamorarme. A dejar la terapia. A mudarme de autonomía, de país, de corazón.
Ojalá pudiera dejar atrás mi corazón.
Han utilizado los restos de su calor para joderme. Han utilizado los restos que guardaba tan celosamente, que he compartido con cuidado e ilusión, para hacerme daño. Y lo consiguió. Aprieto la mandíbula, cuadro los hombros y sigo. Como siempre. A pesar de.
"Te quiero tanto que lo esconderé el resto de mi vida. Eres la cara que aparece tras mis ojos cuando pienso en morir junto a alguien. Eres la espalda que quiero abrazar en las noches oscuras, la sonrisa que quiero ver brillar bajo el sol. Eres la resignación de nunca tener este futuro realizado.
Eres la tristeza. La desesperación. La frustración.
Eres los cinco minutos sonriendo mientras lloro, eres el abrazo sanador tras semanas de hacerte daño. La celebración de este amor compartido.
Eres la oportunidad que dudo vuelva a tener. El dolor profundo de haberme equivocado".
¿Qué son 15 años?
Una vida entera. En 15 años podría tener una extensión mía a quien, inevitablemente, guardaría rencor. Amaría más que al alcohol y las drogas que me sostienen. Lloraría del terror de provocarle la complejidad de las heridas que arrastraré toda mi vida.
Te quiero tanto que, existas o no, viviré el resto de mi vida esperando que sientas orgullo por mí.


