martes, 24 de abril de 2012

"En las despedidas buenas nunca se dice..."

Ya es la tercera vez que lo borro todo. No sé escribir ¿o sí? Tengo trazos de inspiración pero no sé dónde se esconden.

No quiero hablar de remordimientos, ni de culpas, ni de crueldad, ni de anacrónicas confesiones. Prefiero quedarme con esa última despedida, suave, dulce, dolorosa. Con la sensación de que, a pesar de todo, no tengo absolutamente nada que perdonarte. Nadie entiende mejor que yo el deseo y los errores. Pero no quiero hablar de eso, me quedo con esa ternura. Te recordaré como tú quieres, y te dejaré en un rincón de mi memoria con aquella chica de verano que tanto te fascinaba.

Algún día tendré valor para sentir con libertad. Para escribir con libertad. Y me entregaré por completo a esta fuerza gravitatoria que todo lo arrasa. Porque siempre he sido yo. Y ahora hay tantas cosas que tienen sentido que no sé por dónde empezar a reajustar mi visión. Ni siquiera sé por dónde empezar a vivir a mi manera.

Lo que sé seguro es que no permitiré que te vayas otra vez. Y tú no tendrás tiempo de pensar en la caída.

miércoles, 18 de abril de 2012

La importancia de las noches

Podría escribir. Podría vomitar sobre lo que hay dentro de mi cabeza. Relámpagos, nieve, niños llorando, desesperación. Y hablar con Simon&Garfunkel, y preguntarles si se le puede dar un abrazo a una roca, o peinar las islas. Mis rocas sufren, y mis islas lloran.

Pero al menos pude guardar en mi mente un recuerdo difícil, traumático, uno de los míos. Helada, con el rostro sucio por las lágrimas sin limpiar, aún con esa chaqueta puesta, deseando uno de esos abrazos llenos de cariño que tendrán que esperar... "Sólo quería que alguien me abrazara y me escuchara llorar".

Y en mi olvidada Ciudad de la Devastación, los lirios blancos florecen con cierto descaro. En mi museo en ruinas hay una luz blanca y semi-transparente, enfocando a una pared donde se pueden ver tres cuadros de Ofelia muriendo. Mientras los miro, resuena en mis oídos una risa musicada, de pajarito y no puedo evitar sonreír. Siento poco a poco cómo su talento me envuelve y me sostiene, sin saber nada, sin preguntar nada, sólo acariciándome los dedos en silencio, con el ridículo de fondo.

No me mires así. No me hables así. Tener esos pensamientos me hace recordar cierto traumático momento. Si un experto reconocido me sentencia así, es posible que todo mi veneno sea real. ¿Cuánto podré mantenerlo a raya? ¿Cuánto veneno puedo expulsar de mí sin envenenar a otros? ¿Cuánto amor puedo recibir sin merecerlo?

Quiero ver fuegos artificiales con contraste.

domingo, 15 de abril de 2012

Jardines y ciudades

Dudo que alguna vez me acostumbre a ese horrible concepto de "olvidar", "dejar todo atrás". Como lo detesto, y cuantas veces los he utilizado creyendo saber lo que significan, cuando no tengo ni puta idea.

Soy tan hedonista que creo que de cualquier experiencia se puede sacar algo bueno. Hoy no consigo sacar de mi cabeza a mi primer Henry, a mi tocaya, a mi guía. Releyendo antiguos textos que en algún momento analizamos hasta la saciedad, me doy cuenta de que todas estas enseñanzas ella las tenía asimiladas en su propio jardín, destrozado y ardiente. Con nuestras manitas idealistas construimos sollozantes un mundo para el que fuéramos dignas.

Y en mi Ciudad de la Desolación planté flores, pinté cuadros e hice esculturas de hielo. Me enterré en los volubles brazos de la paz, siempre esquiva. Tuve pavor de las noches, y auténtico terror de los despertares. Fui devastada de una forma que en mi idealismo jamás contemplé sentir. Aún me asusta ese sufrimiento. ¿Estaría preparada ahora?

Sin embargo, añoro a esa jovencita ya muerta. Brillaba con luz propia y ahora me voy consumiendo. Necesito días de introspección al dolor más bizarro para poder inspirarme. ¿Tan vacía estoy? ¿Era así como estaba destinado a ser?

Mi mayor deseo es tumbarme en mis jardines, etérea y descuidada. Y no encuentro el mapa.


Published with Blogger-droid v2.0.4

jueves, 12 de abril de 2012

Unimportant

Releyendo lágrimas de hace dos años me he dado cuenta de que en realidad me he enamorado dos veces, no tres.

Aquel primer compañero, del que apenas recuerdo el rostro, no inspiraba amor en mí. Alivio, atracción, entendimiento, pero no amor.

Y cuando volvimos a vernos, rotos ya todos los lazos, sin apenas trazos de interés, no había nada que quisiera compartir. No me importaba, era un fantasma. Después de tanta maldad y sufrimiento, tanto arte y bizarrismo, sus bromas se me antojaron ridículas, sus miradas vacías y la conexión muerta. Ni siquiera dediqué una lágrima a esa comprensión desaparecida, igual que jamás le dediqué una lágrima verdadera.

Rey del desierto, sé que nunca piensas en mí. Escribo esto con cierta indiferencia, sin tristeza ni nostalgia. Jamás colmaste mi sed y eso te inhabilitó para cualquier futuro.

Me despediría de ti, pero ya no queda nada a lo que dar la espalda.


Published with Blogger-droid v2.0.4

martes, 3 de abril de 2012

Historia de amor jodida

-Lily, escúchame. No te asustes. Por favor, mírame.

Isabelle susurraba lentamente, sin súplica, sin violencia. Estaba arrodillada frente a mí, observándome con sus ojos multicolor, pálida, desgarrada y preciosa.

Llevábamos años sin vernos. La última y primera carta que me envió antes de desaparecer no fue una verdadera despedida. Después de un año, desapareció sin más. Y había vuelto. Y seguía siendo hermosa, vibrante. Y seguía estando enamorada.

-No puedes... ponerme en esta situación -balbuceé. Enseguida vi un atisbo de risa en su mirada. No pude evitar sonreír y me enfadé conmigo misma por eso. Debía mantener la compostura. Debía ser firme.

Pero ella me interrumpió.

-Sé que tienes tu vida y que me has dejado atrás. Y sé que este no es un buen momento pero me ha costado tiempo llegar hasta ti. Te quiero. Estoy enamorada de ti. Me marché porque prácticamente me lo suplicaste pero no pienso irme de nuevo. He vuelto para estar contigo. Y no me importa en absoluto lo que tenga que hacer para conseguirlo.

Tuve que levantarme. Me volví de cara a la pared. Confusa. No quería mirarla ni sentirla.

-¿Y esperas que no me asuste? ¿Esperas que lo deje todo por ti? -susurré sin girarme. Escuché el susurro de su vestido contra su cuerpo, acercándose a mí. Seguía llevando esos vestidos anchos que le daban ese aire etéreo. Sus manos de artista me dieron la vuelta. Clavó sus imposibles ojos en los míos y supe que ya me había vencido.

-Sí, lo espero. Igual que un día yo abandoné mi vida para mudarme a otra ciudad contigo, espero que te vayas sin mirar atrás y empecemos de cero.

Quise apartarme pero no me lo permitió. Me sujetaba con fuerza. Sabía que si me quedaba mucho más acabaría temblando sin control.

-Estoy curada, Lily. No tienes ni idea de lo que me ha costado, pero me he enfrentado a todo por ti. Así que sí, espero que vengas conmigo. Ahora si es posible.

Recordé sus intromisiones en mi casa para prepararme la comida. Recordé lo hermosa que estaba cuando me besaba. Recordé cómo se apoyaba en mis piernas y pasaba horas observándome después de hacer el amor. Recordé su olor a canela. Su evanescencia. Sus labios de caramelo y sus lágrimas perladas. Recordé su fría locura, su intensa esquizofrenia, y lo mucho que la asustaba. Pero se había enfrentado a todo ello por mí. Para mí. Y estaba ahí, como nueva, tan preciosa como siempre, dispuesta a darlo todo. De nuevo.

Vio en mis ojos mi rendición y cubrió mi rostro de besos, susurrando emocionada esas palabras que tanto había echado de menos.

"Mi lirio, mi lirio"