domingo, 15 de abril de 2012

Jardines y ciudades

Dudo que alguna vez me acostumbre a ese horrible concepto de "olvidar", "dejar todo atrás". Como lo detesto, y cuantas veces los he utilizado creyendo saber lo que significan, cuando no tengo ni puta idea.

Soy tan hedonista que creo que de cualquier experiencia se puede sacar algo bueno. Hoy no consigo sacar de mi cabeza a mi primer Henry, a mi tocaya, a mi guía. Releyendo antiguos textos que en algún momento analizamos hasta la saciedad, me doy cuenta de que todas estas enseñanzas ella las tenía asimiladas en su propio jardín, destrozado y ardiente. Con nuestras manitas idealistas construimos sollozantes un mundo para el que fuéramos dignas.

Y en mi Ciudad de la Desolación planté flores, pinté cuadros e hice esculturas de hielo. Me enterré en los volubles brazos de la paz, siempre esquiva. Tuve pavor de las noches, y auténtico terror de los despertares. Fui devastada de una forma que en mi idealismo jamás contemplé sentir. Aún me asusta ese sufrimiento. ¿Estaría preparada ahora?

Sin embargo, añoro a esa jovencita ya muerta. Brillaba con luz propia y ahora me voy consumiendo. Necesito días de introspección al dolor más bizarro para poder inspirarme. ¿Tan vacía estoy? ¿Era así como estaba destinado a ser?

Mi mayor deseo es tumbarme en mis jardines, etérea y descuidada. Y no encuentro el mapa.


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