"Eres preciosa", susurra esta linda mujer. Sus labios se mueven como mariposas encendidas por mi piel, serena y juguetona.
Cierro los ojos mientras me besa. El cansancio me chupa las fuerzas y siento una tristeza inabarcable. Todo lo que me espera cuando baje del tren me desarma y vacía. Paseo mis manos por su cuerpo desnudo, que intenta abrirme insinuante, un cuerpo palpitante y fuerte, un cuerpo que enloquece. Quiero desearla y plegarme a sus deseos pero debo apretar los labios para no echarme a llorar.
Y lo nota.
Se separa un poco de mí y reposa su cabeza. Es lindísima, es vacaciones y viento fresco en lo yermo que siento. Noto los ojos amenazando con desbordar. Ella me abraza y me aferro a este calor, a esta pausa. Jamás volveré a vivir este momento. Si mi mal fario lo permite, volverá a estar en sus brazos delirando por la calma y energía.
Pero este momento pasará. Esta tristeza que me invade en medio de la celebración, pasará. El deseo por un cuerpo que apenas conozco, cambiará. La desesperada necesidad de sentirme arropada, tal vez, pasará.
Yo, no pasaré.
____________________________________________________________________________
Me cuesta pensar.
Tengo tantos recuerdos a la vez que apenas puedo aclarar mi mente. Estoy llorando serenamente, sin dejar de hablar.
-Le hago esto a las personas que quiero, ¿sabéis? Ella me lo dijo. Él me lo ha dicho. Les avasallo, les asalto y tienen que alejarse de mí para poder estar bien. Y yo me quedo atrás siendo un desastre y esperando a la próxima persona que joderle la vida.
Ella empieza a hablar enseguida, apenas la escucho. Me cuesta mirarla. Me dice que no es así, que si no fuera por mí no estaría aquí, que le he dado fuerzas a su cordura. Él está callado y casi puedo oírle pensar. Toma aire y sin darme cuenta lo retengo. Es mi compañero de armas y penas, no quiero oírle pero mis sentidos se abren a su voz. Firme, suave.
-Y a quién acudí cuando quería tirarme por el balcón, eh. Fue a ti. Si no me tiré fue por ti, ¿eso no cuenta?
Acaba de decirlo y ni puedo ya recordar sus palabras exactas. Mi corazón ha dado un salto en el pecho. Recuerdo perfectamente esa noche, su voz temblorosa despertándome para poder yacer a mi lado, nervioso, ansioso. Recuerdo que el sueño me venció antes de poder ayudarle, recuerdo el ligero humor, como de velorio, a la mañana siguiente. Recuerdo que no fue la primera, pero sí una de esas veces que me sentí afortunada de poder devolverle un poco de esa paz que él metió violentamente en mi cabeza desde el primer día.
Y mientras fumo sin pausa pienso que, tal vez, también hago cosas buenas por las personas que quiero.