I don't really feel like it...
Lo único que de verdad me apetece es comerme media pastillita y tumbarme a disfrutar de la alegre inconsciencia que me recorre. Ah, las drogas. Joder, las drogas. Es lo que más potencial tiene para joder mi vida de adulta de mierda, y sin duda lo que más disfruto. Siempre me han gustado los rituales.
Pero es mentira, no es lo que más disfruto. Lo que más disfruto no puede llegar a estos espacios, hoy no, no esta noche, cuando me duelen los brazos por los recuerdos de la ansiedad, las muñecas por los recuerdos del desamor y el pecho por. Por.
Una vez le dije que sabía hacer muy bien el papel de Chica Guay pero no me gusta. De hecho, me provoca una seria crisis de identidad si estoy en una mala época.
Mala época. Qué delicioso eufemismo.
Tengo la cabeza como una peonza. Se me enreda el pelo, se me caen pestañas, aprieto los labios. Cuando el movimiento pare, cuando la peonza se detenga, no sé qué va a pasar. El cerebro rebotando contra las paredes del cráneo, el trauma asentándose en los mecanismos emocionales. Me caigo sin levantarme. Estoy al fondo del todo y sigo hundiéndome. Quiero darle una paliza a la chica del espejo. Cómo has podido ser tan estúpida, cómo has podido permitir esto.
Mi vientre ruge, con recuerdos inexistentes, y no puedo más no puedo más. Todo mi cuerpo lleva meses rugiéndome, exigiéndome, hablándome y lo hace tan alto que no sé identificar el problema. De repente me pica una parte del brazo y es la misma parte que una vez casi cerceno. De repente, las articulaciones pesan como putos menhires y recuerdo a Astérix y a Nymph y su paraguas rojo y la cría idealista que jamás pudo siquiera imaginar nada de estos años.
Viene a mis ojos todo a la vez. Detecto un ataque de ansiedad, lo esquivo. Completa inmersión, Ebony. Es mi forma favorita de viajar. Así fue nuestro único viaje. Si alguna vez lees esto, si llegas a estas palabras, recuerda que en lo mejor del año pasado estuvo ese viaje contigo. Espero no olvidar nunca tu alegría, tu energía serena, la manera en que has aprendido a manejarme sin hacerme sentir culpable por ser un inmenso trozo de mierda. A veces me miras como si me admiraras y me parece inconcebible, tú que llevas las procesiones por dentro, que tanta curiosidad tienes, que tanto has tenido que pasar.
Ya he averiguado por qué mis extraños presentimientos, por qué a veces mi vientre reclama. Es vergonzoso. Pero es real. Si pudiera reconocer, gestionar, asimilar y superar que me muero de ganas de enamorarme, no somatizaría en sueños, instintos y dolores tan variados.
Esto es insoportable. No sé cómo pedir ayuda porque apenas tengo tiempo de pensar en tantas marañas. Quisiera poder decir algo romántico e idealista. "Si alguna vez me has querido acude a mí, necesito una catarsis que no me hiera". Pero no hay otros tipos de catarsis. Ni nadie que acudiera a esta llamada.
