miércoles, 30 de enero de 2013

Höchste Lust!



1.080 días no son suficientes.

Ni por asomo.

Que a la tercera va la vencida.

Quién lo iba a decir.

Nosotras no.

Qué sabré yo del amor, sólo tengo 20 años.

Pero tengo una musa.


No quiero salvación, joder, te quiero a ti.

Estréllate en mis alas

en mis piernas

en mi pecho

en mis manos

Estréllate conmigo.

viernes, 25 de enero de 2013

Mira, Kokoro, te presento a Remy

Pero qué guapa está la muy puta.

Siempre lo está. Pero hoy lo ha hecho a propósito, para enfurecerme, para excitarme, para tentarme con sus caderas devastadoras, y que me vaya con ella.

Y lo que más me enfurece es que a veces no parece tan mala idea.

Lleva el pelo recogido y despeinado. Esta vez, viste vaqueros (rotos y viejos) y camisa (que apenas le cubre el pecho). Aún recuerdo la última vez que nos vimos. Ha tenido cuidado en maquillarse con esmero, pero parece haber olvidado que al llorar sus ojos se emborronan. Y vaya si ha llorado. Noto a mi lado la presencia susurrante de Kokoro, pálida, ligera, silenciosa. Me roza los dedos con serenidad, sonrío. Apenas sabe a lo que se enfrenta, esta mujer niña mía. Apenas sabe que la mujer que ahora se acerca, atravesando la niebla y la calma con sucia indiferencia, puede matarla.

Puede matarla porque también la ama.

Tú la creaste, Kokoro.

-Hoy vienes acompañada, cariño -saluda Remy. Oh, joder, qué voz tan bonita tiene. Me vienen a la mente las noches de verano en las que me acariciaba, y me torturaba, y me recogía las lágrimas para bebérselas ella. Cuánto te quise, Remy, cuánto llegué a despreciarte. No se me escapa ahora que hay súplica en tus bellos ojos, y que si no llevas vestido es para ocultar las cicatrices en tus piernas.

-Mira, Kokoro, te presento a Remy.

Acusa el golpe con cierta elegancia. Le da dos besos a mi mujer niña, traspasándola con la mirada. Kokoro, bendita ninfa, apenas se inmuta y le sonríe amablemente. Sus manos mantienen el contacto durante apenas unos segundos; sus miradas ni siquiera se alejan.

¿Qué verá Kokoro en ella? Aunque ya no la ame, no soportaría que la despreciara. Remy, mi destrozada reina de corazones. Apenas recuerdo sus nombres, pero no se me olvida cómo me miraba. Y aquí está, intentando mantener el tipo, deleitándose en la visión de esta mujer niña que la trajo a la vida.

Porque si Remy existe es porque Kokoro, también conocida como Nymph me rompió el corazón hace años.

Ante mi mirada desconcertada, Kokoro se inclina y le da un fugaz beso en los labios mordidos. Mueve su boca en un aleteo dulce, se separa y le sonríe. No dice nada. Remy no podría estar más impresionada. Lentamente, fuerza una sonrisa.

-Si me hubieras querido a mí -le susurra con tal voz estrangulada que me oprime el corazón-, podrías haberme salvado.

Kokoro ladea la cabeza, y sin verla sé que sus ojos brillan.

Ilustración de Paula Bonet

domingo, 13 de enero de 2013

Enero es mi Abril

Enero llegó suave como una caricia, traicionero, sutil. Como un buen personaje de Weiss y Hickman, vaya. Le faltaron los ojos dorados descomponiendo el tiempo.

Enero llegó con ganas de descolocar mundos y marcar vidas.
Descarado.
Definitivo.
Pero muy frío para obligar a buscar refugio en brazos ajenos.

En flacos brazos nacarados. Quién lo iba a decir.

Aprendí algo muy importante a raíz de aquel Enero, preludio de la primavera más jodidamente fría en 20 años. Aprendí del desamor y la ilusión, de lo fácil que es escribir con el corazón roto, de lo mucho que duelen las musas cuando te desnudan. De cómo algo de latín te puede salvar la cordura, o bien romperte bien fuerte todas las células. Aprendí de Hume, de sus elsolnosaldrámañana, de que las letras estilizadas en mis apuntes llevan a la incertidumbre. Aprendí que si alguien lleva un paraguas rojo, no debes abordarle por la calle; que es peligroso.

Aprendí lo poco que sé resistirme a la belleza, con B mayúscula, con B de basta ya, por favor.

Pero, sobre todo
aprendí sobre Ícaro.
Él no quería desafiar a los dioses.
Si se acercó al sol
y cayó al mar
fue porque estaba enamorado.

martes, 1 de enero de 2013

Bienvenida, mala suerte

Qué decir de un año que empieza.

Mi única tradición, desde mucho antes que este espacio existiera, era despedir el año con un texto, siempre lleno de incertidumbre. No seré tan altiva como para decir que poca gente sabe lo que es recibir la perspectiva de 365 días salpicados de manchas negras. Muchos lo saben. Ese pavor intenso a sufrir, un año más, un día más. Te atenaza los músculos y te crece el pecho para que el corazón pueda esconderse más fácilmente. Lo encerré tanto tiempo en su cámara blanca que salió algo hermético y pidiendo abrazos de sol.

El problema es que sólo hay una persona en el mundo de quien quiera abrazos de sol.

Brindemos, joder. Brindemos porque estamos vivos. Brindemos por la capacidad de sufrir de Stendhal, que nunca hay suficientes catarsis.

Disculpen mi vocabulario. Es producto de una larga y fantástica noche.

Por no respetar, no respeto ni mis propias tradiciones. Quiero repartir abrazos, no quiero difundir miedo.