Pero qué guapa está la muy puta.
Siempre lo está. Pero hoy lo ha hecho a propósito, para enfurecerme, para excitarme, para tentarme con sus caderas devastadoras, y que me vaya con ella.
Y lo que más me enfurece es que a veces no parece tan mala idea.
Lleva el pelo recogido y despeinado. Esta vez, viste vaqueros (rotos y viejos) y camisa (que apenas le cubre el pecho). Aún recuerdo la última vez que nos vimos. Ha tenido cuidado en maquillarse con esmero, pero parece haber olvidado que al llorar sus ojos se emborronan. Y vaya si ha llorado. Noto a mi lado la presencia susurrante de Kokoro, pálida, ligera, silenciosa. Me roza los dedos con serenidad, sonrío. Apenas sabe a lo que se enfrenta, esta mujer niña mía. Apenas sabe que la mujer que ahora se acerca, atravesando la niebla y la calma con sucia indiferencia, puede matarla.
Puede matarla porque también la ama.
Tú la creaste, Kokoro.
-Hoy vienes acompañada, cariño -saluda Remy. Oh, joder, qué voz tan bonita tiene. Me vienen a la mente las noches de verano en las que me acariciaba, y me torturaba, y me recogía las lágrimas para bebérselas ella. Cuánto te quise, Remy, cuánto llegué a despreciarte. No se me escapa ahora que hay súplica en tus bellos ojos, y que si no llevas vestido es para ocultar las cicatrices en tus piernas.
-Mira, Kokoro, te presento a Remy.
Acusa el golpe con cierta elegancia. Le da dos besos a mi mujer niña, traspasándola con la mirada. Kokoro, bendita ninfa, apenas se inmuta y le sonríe amablemente. Sus manos mantienen el contacto durante apenas unos segundos; sus miradas ni siquiera se alejan.
¿Qué verá Kokoro en ella? Aunque ya no la ame, no soportaría que la despreciara. Remy, mi destrozada reina de corazones. Apenas recuerdo sus nombres, pero no se me olvida cómo me miraba. Y aquí está, intentando mantener el tipo, deleitándose en la visión de esta mujer niña que la trajo a la vida.
Porque si Remy existe es porque Kokoro, también conocida como Nymph me rompió el corazón hace años.
Ante mi mirada desconcertada, Kokoro se inclina y le da un fugaz beso en los labios mordidos. Mueve su boca en un aleteo dulce, se separa y le sonríe. No dice nada. Remy no podría estar más impresionada. Lentamente, fuerza una sonrisa.
-Si me hubieras querido a mí -le susurra con tal voz estrangulada que me oprime el corazón-, podrías haberme salvado.
Puede matarla porque también la ama.
Tú la creaste, Kokoro.
-Hoy vienes acompañada, cariño -saluda Remy. Oh, joder, qué voz tan bonita tiene. Me vienen a la mente las noches de verano en las que me acariciaba, y me torturaba, y me recogía las lágrimas para bebérselas ella. Cuánto te quise, Remy, cuánto llegué a despreciarte. No se me escapa ahora que hay súplica en tus bellos ojos, y que si no llevas vestido es para ocultar las cicatrices en tus piernas.
-Mira, Kokoro, te presento a Remy.
Acusa el golpe con cierta elegancia. Le da dos besos a mi mujer niña, traspasándola con la mirada. Kokoro, bendita ninfa, apenas se inmuta y le sonríe amablemente. Sus manos mantienen el contacto durante apenas unos segundos; sus miradas ni siquiera se alejan.
¿Qué verá Kokoro en ella? Aunque ya no la ame, no soportaría que la despreciara. Remy, mi destrozada reina de corazones. Apenas recuerdo sus nombres, pero no se me olvida cómo me miraba. Y aquí está, intentando mantener el tipo, deleitándose en la visión de esta mujer niña que la trajo a la vida.
Porque si Remy existe es porque Kokoro, también conocida como Nymph me rompió el corazón hace años.
Ante mi mirada desconcertada, Kokoro se inclina y le da un fugaz beso en los labios mordidos. Mueve su boca en un aleteo dulce, se separa y le sonríe. No dice nada. Remy no podría estar más impresionada. Lentamente, fuerza una sonrisa.
-Si me hubieras querido a mí -le susurra con tal voz estrangulada que me oprime el corazón-, podrías haberme salvado.
Kokoro ladea la cabeza, y sin verla sé que sus ojos brillan.
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| Ilustración de Paula Bonet |

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