lunes, 23 de marzo de 2020

Día 9

Doy vueltas como un animalito.

Me siento como un animalito. Inquieta, asilvestrada. Estoy llena de una energía que me incomoda, mis habituales rutas de escape están vetadas. La cabeza me va a mil o a cero por hora. Me concentro, respiro hondo, ejercito ese músculo que no sabía que tenía.

Hoy he recordado tus muslos, tu forma de acariciarme, tu risa ahoga en jadeos. Ha sido confuso, un flashazo erótico que no deseaba. No sabía que aún te recordaba así. Recuerdo tus labios rojos, tus pezones claros, una postura que te gustaba, la fuerza salvaje bajo la piel. Pero no recuerdo tu voz. El reflejo del sol en tus pestañas, el beso que te encantaba darme en los hombros. Pero ni una onza de tu voz, del latido en tu pecho. Vacía, hermosa, lejana. Inalcanzable, venerada.

Idealizada.

Los rizos casi tapan mi flor. Mi querida, querida flor, que ahora es multicolor, que representa cosas en las que creo diferente. ¿Belleza? Sí, con B mayúscula con B de basta ya por favor. Pero también bondad. Paciencia. He visto tantas cosas horribles, he sentido tantas cosas espantosas, que ahora sé que la belleza no se encuentra, se construye.

Salgo al balcón, resisto la tentación de encender mi último cigarro. Me pican las manos de las ganas de beber algo, palpito entre las piernas por las ganas de violencia, los ojos arden queriendo llorar. Inquieta, asilvestrada. Se me cruza el pensamiento fugaz de tirarme al parque, mientras pienso en qué libro empezar primero.

Entonces escucho risas dentro de casa.

Respiro hondo y sonrío sin querer.