"La veo a lo lejos, ella se acerca a mí. Me deja sin respiración lo atractiva que es; algo dentro de mí se excita cada vez que estoy cerca de una mujer hermosa. Una parte mucho más grande no puede evitar compararla con Kokoro, mi Kokoro, que es tan ligera como el aire y tan fuerte como un huracán, que tiene los ojos de cielo y las rabias de infierno. Kokoro, cuyas caderas provocan seísmos, cuyos labios dictan condenas. Esto es insoportable.
-¿Cómo sabías que estaría aquí?
Formulo la sonrisa más triste del mundo. No tenía ni idea de que ella estaría aquí, ni se me había ocurrido que no se hubiera ido ya. Sólo fuerzo mi cuerpo para agotarme y cuando llegue a una cama vacía no me queden fuerzas para pensar en lo absolutamente destrozada que estaré los siguientes meses. Se me atraganta el discurso.
-No he venido por ti.
Su expresión no se tambalea. Eso me alegra; no está enamorada de mí. Tal vez sólo siente curiosidad, o cierta atracción física. Realmente, por muy cruel que suene, no me importa. Le sonrío sin ganas, me doy la vuelta y vuelvo al trabajo.
Vivir para trabajar. Porque ya no tengo aliento para otra cosa."
_____________________________________________________
_____________________________________________________
Hace exactamente un año y dos días escribí un relato breve. Este es el final, lo único que he podido rescatar sin tener que dar explicaciones.
367 días, amor mío. Y no dejas de doler.
Mi pecho está anestesiado para no sentirte pero tampoco puede sentir mucho más. Al volver al lecho, a veces encuentro tu fantasma. A veces te olvido y es horrible. A veces soy 367 días más joven y es horrible. A veces te escribo titilando de madrugada, y a veces lo publico.
Lo de echarte de menos es transversal. Lo de quererte, un vicio. Lo de no avanzar hacia ti, la decisión más dura que debo tomar todos los días.
Algún día daré un paso. Tal vez te encuentre a medio camino.
Tal vez no te encuentre jamás.