¿Eres feliz?
Se estremece el cielo dentro de mí. O la tormenta.
Estoy sentada en una silla alta, impecablemente vestida. Acaricio la cerveza suave, controlando que no tiemblen las uñas. Es la tercera vez esta semana que me hacen esa maldita pregunta. ¿Feliz? ¿Feliz?
Mi oponente me saca apenas un año. Es atractivo, pero lo realmente hermoso en él es su seguridad. Me descubro bebiendo ávida de su halo, esperando que se me contagie algo. A veces me roza sin pretensiones; los dedos en mi muñeca, la mano en mi antebrazo. Cada vez que lo hace me quedo callada, estupefacta ante el hecho de que se atreva a tocarme. Sonríe como quien calma a un animalito.
Recuerdo la sonrisa tierna de quien me arropa por las noches. De quien me abraza fuerte al verme, y me pregunta con sencillez qué puede hacer por mí. De quien ríe conmigo, me regaña cuando es necesario y se preocupa visceralmente por mí. Es limpio el vínculo que nos une; nuestras mutuas heridas hacen que sea transparente para el otro, sin dobleces, sin engaños.
Recuerdo la frialdad de la decepción. Punzante. Intensa. Eterna. El ahogo de la impotencia salvaje y el pánico a retroceder. He tardado tanto en llegar a este equilibrio engañoso que cualquier peligro me acojona. Huyo de cualquier vínculo que no me vea capaz de afrontar. Me refugio en la rabia avasalladora. Me refugio en las fuerzas que me quedan, y nado y vuelo y floto y corro.
Recuerdo las sonrisas de quienes me quieren pese a todo. El nombre en una llamada, la sonrisa al distinguirme, los besos en las mejillas que me llegan al pecho. La sencillez de encontrarme de nuevo, de sentir que mi cabeza no se perderá ante la mínima señal. Oh, este amor inmenso, esta calidez, esta fuerza, estos deseos. Esta lucha constante. Las manos que se extienden hacia mí cuando suelto las cuerdas.
Recuerdo las veces que me obligo a arrastrarme a la ducha, a arreglarme, a salir a la calle. A veces lo consigo. A veces no. A veces abro el agua caliente y me echo a llorar porque ni así consigo dejar de tener frío. A veces sonrío durante el maquillaje y todo brilla y amo lo que tengo.
Vuelvo a mirar a mi oponente. Han debido pasar unos dos segundos.
¿Eres feliz?
Claro que no.
Y sonrío.