jueves, 29 de mayo de 2014

Nankurunaisa, joder

La herida entre mis piernas palpita. Ella sí es una zorra. Te echa de menos, y se siente impaciente y vacía, y yo me quedo muy quieta esperando que se tranquilice porque no sé cómo explicarle que ya no existes. Pero ella recuerda tus ojos, recuerda tus manos, y brama enfurecida. Excitada. Caliente, ansiosa. Inevitablemente, algo de eso me repta hasta el pecho y te echo de menos, hija de puta. Aunque haya desaparecido la luz al mirarme, aunque apenas recuerdes mi nombre, aún vives dentro de ese cuerpo que he venerado hasta el cansancio sin cansarme. Y dueles. Es lo mejor que sabes hacer, ¿lo sabías? Dueles como si me hubieras abierto el pecho, como si te hubieras ensartado un arpón. Dueles como una ballena gigante, o un elefante invisible. Florecen las paredes, y mi espalda se queda mustia, sin buscar el sol. ¿Recuerdas cuando buscábamos juntas el sol? Ja. Claro que no. Tienes las costillas lenas de veneno, rabia, decadencia y rencor. Has olvidado el color de mis gemidos y sólo recuerdas el olor de mis gritos. Me dueles en el cuello y en las muñecas. Te retuerces justo encima del estómago y apenas puedo comer sin lágrimas. No hablemos de beber. Hablemos del porro que tengo liado desde hace 3 semanas, con tu nombre grabado, esperando que mires mis jardines y no mis cementerios. Y lo peor, lo peor de todo esto, lo peor de estar borrando poco a poco las líneas de mierda que nunca conocerás, lo peor de que tu nombre duela más que la herida entre mis piernas, lo peor de tirar tus apuntes y romperme la piel para poder sentirte...

Lo peor es que aún podrías curarme.


" El dolor es extraño. Un gato que mata a un pájaro, un coche accidentado, un incendio...
Llega el dolor, BANG, y allí está, se introduce en ti. Es real. Y para cualquiera que te vea, parecerás un imbécil. Como si te hubiese caído una idiotez repentina. No hay cura para ello mientras no encuentres a alguien que comprenda cómo te sientes y sepa cómo ayudarte".
Mujeres. Charles Bukowski

jueves, 8 de mayo de 2014

Basado en hechos reales

La reunión resultaba soporífera. Erin caminaba al final del grupo, observando a cada uno de los miembros, cada cual más insignificante que el anterior. Había sólo una excepción. Ya se conocían, y era el único que tenía una conversación fluida. No tenía nombre, jamás lo había tenido; al menos, no con Erin.

En ese momento, estaba hablando de restos fósiles. Había encontrado un pequeño museo en un pueblo aragonés con restos de animales que, sostenía, podían clonarse. Y que sabrás tú de la clonación si eres de letras, pensaba Erin. Era injusta y lo sabía, él tenía tres carreras a sus espaldas y más de 10 años de viajes internacionales.

-Sabía que tú lo entenderías. Al fin y al cabo, siempre hemos estado enamorados el uno del otro.

El brusco cambio de la conversación la hizo estremecer. Apretó los labios, mientras una fugaz sonrisa perlada titilaba en su mente.

-Yo no estoy enamorada de ti -replicó. Tal vez con demasiado énfasis.

Él no cometió el error de ofenderse. Sonrió con desenfado y le dedicó una mirada indescifrable.

-Tal vez ya no lo estés. Pero yo sí.

-¿Y qué pretendes decir con eso? Soy ya muy mayor para que me conquisten -él se encogió de hombros.

-Sólo alguien que no te conociera creería que es posible conquistarte. Sabes muy bien lo que puedo ofrecerte, y sabes mejor que no voy a pedirte absolutamente nada. Que esté enamorado de ti no significa que no tenga una vida a la que tú no puedes entrar.

Su sinceridad le gustó. Le gustó tanto que tal vez en ese mismo momento habría caído a sus pies con el corazón en las manos; si aún lo tuviera, claro. Se planteó si aclararle que nunca había estado enamorada de él serviría de algo, pero la crueldad gratuita no le apetecía. ¿Realmente él lo había estado siempre? Era incapaz de entender por qué no lo había notado.

-Supongo que también sabes que lo que puedo ofrecerte no es nada remotamente parecido a una relación romántica.

Él asintió. No parecía entristecerse por eso.

-Sé que no tienes corazón, Erin. Nunca me contaste qué te pasó.

Ella se detuvo. Inmediatamente, con la compenetración que otorga muchísimos años de estrecha amistad, el hombre sin nombre la abrazó. Para Erin, los abrazos eran más peligrosos que las balas y sus ojos no tardaron en llenarse de lágrimas. Sentía caricias en su cabello.

-Lo siento, pero no se lo he contado a nadie.

jueves, 1 de mayo de 2014

Aforismos (o epitafios)


La resiliencia puede mermar si la red de apoyo se tambalea.

Los mosquitos me lamen los muslos y yo me echo a llorar.

Esta noche todo se dilata; y no hablo de pupilas, pezones o labios.

Ella sigue y yo no la consigo.

De rodillas, tu ira parece más grande.

El problema es que yo me creía invencible.

Perdona, ¿te importa no mirar el boquete en mi pecho?

You are too beautiful to be unhappy.

No es que tenga capacidad, es que tiene el poder en sus manos. Para destruir y crear, y apenas se da cuenta.

Mi pecho es una jaula muy sucia; a las chicas-pájaro no se las aprisiona. Tranquila, entiendo que quieras irte.

Tal vez lo más bonito que puede hacer una persona por otra es besar sus defectos.

No siempre lo mejor es la mejor alternativa.

Enciendes fuegos artificiales sin abrir las piernas; eres así de peligrosa.

El 2014 me ha quitado el placer de contarte las pestañas mientras duermes; prefiero muerte.

Esa sonrisa cuando con una frase destrozas un futuro, que no te la quite nadie, preciosa.

Los puntos finales me hacen vomitar. Los puntos suspensivos me dan pesadillas.