martes, 3 de abril de 2012

Historia de amor jodida

-Lily, escúchame. No te asustes. Por favor, mírame.

Isabelle susurraba lentamente, sin súplica, sin violencia. Estaba arrodillada frente a mí, observándome con sus ojos multicolor, pálida, desgarrada y preciosa.

Llevábamos años sin vernos. La última y primera carta que me envió antes de desaparecer no fue una verdadera despedida. Después de un año, desapareció sin más. Y había vuelto. Y seguía siendo hermosa, vibrante. Y seguía estando enamorada.

-No puedes... ponerme en esta situación -balbuceé. Enseguida vi un atisbo de risa en su mirada. No pude evitar sonreír y me enfadé conmigo misma por eso. Debía mantener la compostura. Debía ser firme.

Pero ella me interrumpió.

-Sé que tienes tu vida y que me has dejado atrás. Y sé que este no es un buen momento pero me ha costado tiempo llegar hasta ti. Te quiero. Estoy enamorada de ti. Me marché porque prácticamente me lo suplicaste pero no pienso irme de nuevo. He vuelto para estar contigo. Y no me importa en absoluto lo que tenga que hacer para conseguirlo.

Tuve que levantarme. Me volví de cara a la pared. Confusa. No quería mirarla ni sentirla.

-¿Y esperas que no me asuste? ¿Esperas que lo deje todo por ti? -susurré sin girarme. Escuché el susurro de su vestido contra su cuerpo, acercándose a mí. Seguía llevando esos vestidos anchos que le daban ese aire etéreo. Sus manos de artista me dieron la vuelta. Clavó sus imposibles ojos en los míos y supe que ya me había vencido.

-Sí, lo espero. Igual que un día yo abandoné mi vida para mudarme a otra ciudad contigo, espero que te vayas sin mirar atrás y empecemos de cero.

Quise apartarme pero no me lo permitió. Me sujetaba con fuerza. Sabía que si me quedaba mucho más acabaría temblando sin control.

-Estoy curada, Lily. No tienes ni idea de lo que me ha costado, pero me he enfrentado a todo por ti. Así que sí, espero que vengas conmigo. Ahora si es posible.

Recordé sus intromisiones en mi casa para prepararme la comida. Recordé lo hermosa que estaba cuando me besaba. Recordé cómo se apoyaba en mis piernas y pasaba horas observándome después de hacer el amor. Recordé su olor a canela. Su evanescencia. Sus labios de caramelo y sus lágrimas perladas. Recordé su fría locura, su intensa esquizofrenia, y lo mucho que la asustaba. Pero se había enfrentado a todo ello por mí. Para mí. Y estaba ahí, como nueva, tan preciosa como siempre, dispuesta a darlo todo. De nuevo.

Vio en mis ojos mi rendición y cubrió mi rostro de besos, susurrando emocionada esas palabras que tanto había echado de menos.

"Mi lirio, mi lirio"

No hay comentarios:

Publicar un comentario