-¿No sientes que te estás conformando?
Apoyo la cabeza sobre el hombro de Remy. Después de tanto tiempo y tantos desgarros, empiezo a pensar que tal vez es ella el verdadero amor de mi vida; y tal vez funcionaría si no estuviéramos enamoradas de la misma persona.
-¿Tú lo sentirías? -se apresura a negar con la cabeza-. "Conformarse" no abarca en absoluto lo que está pasando.
-¿Pensaste que acabaríamos así?
-¿Quién dice que estamos acabadas?
-Qué poco te soporto cuando estás optimista.
Me echo a reír, siento sus labios en mi pelo. Remy está últimamente cariñosa, por mucho que proteste por mi empeño de ver flores en las ruinas.
-La próxima vez que te salga una herida -susurra, estremeciéndome con su voz ronca-, prometo que en vez de sacarte el puñal lo untaré en aceite de limón y romero.
Sé qué es lo que está pensando. O en quién. Incluso me atrevería a adivinar cómo.
-Remy, ¿qué deseo pedirás para el próximo año?
Desliza dos dedos hacia la carótida en mi cuello y los deja reposar, sintiendo mi pulso. Noto la gravedad en su gesto y me estremezco, expectante.
-Pediré que cicatrices, querida mía.
Me incorporo para abrazarla. Al separarnos tiene los ojos húmedos, manchando delicadamente sus mejillas de rímel. Beso los restos de maquillaje y sé que sonríe porque piensa que el carmín me queda mejor en los labios.
-¿Quién te curará a ti?
-No quiero curarme. Quiero que me ayudes con las alas. De verdad, por favor, ayúdame a reconstruirlas, a mí se me ha acabado el pegamento.
Esta vez, soy yo quien tiene los ojos rebosantes de lágrimas, que se deslizan por sus manos cuando las beso sellando una promesa cíclica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario