Estudia, trabaja, sé libre, sé responsable, no tanto, así no, cambia, ¿por qué no eres como los demás?, acaba, continúa, sigue, para. Tropieza. Quédate en el suelo arrodillada, que no se te note mucho, hija de puta.
Lo espantoso de la felicidad es que se acaba. Y te comes una buena mierda hasta que vuelve, pero no vuelve. Hueles, sabes y te ves mal. Luces como una discoteca con las luces encendidas.
Lo espantoso de la desdicha es que se acaba. Y llega el miedo, llegan las dudas, llega la luz que lo destierra todo.
Lo espantoso de entregarse es que no sirva de nada.
Lo espantoso de escribir es que alguien lo lea.
Lo espantoso de llorar es que te pidan que pares. O lo ordenen.
Lo espantoso de todo. El poso del dolor. Y la rabia ciega, sorda, incalculable, ante todas las personas que a lo largo de mi vida me han engañado, me han vendido una versión que está descatalogada, me han convencido de unas verdades que sólo me creo yo. Me habéis moldeado para un mundo en el que no se puede encajar con corazón. Me habéis prometido unos frutos deliciosos a cambio de sacrificios excesivos, para más tarde servirme a la mesa un plato de microondas. Se me prometió apoyo, amor, un hombro y un beso, y sólo tengo frío.
Lo espantoso de la rabia es que yo también me acabo.

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