Escribir es liberarse. Te obligas a ordenar tus pensamientos. O vomitas sin pausa lo que hay en tu cabeza. Siento ese impulso visceral de escribir. Estos deditos, que tanto han hecho, se mueren por un poquito de esta droga dura que son las palabras.
Siempre que se masturbaba lo hacía sentada. Consideraba un sacrilegio manchar su cama de un placer tan primitivo, cuando ese lecho era testigo de como hacer el amor. Ella era lo que se conoce como "toda una señorita", altiva, elegante, discreta pero llamativa. Siempre correcta. Odiaba dormir sola, y su exigencia la obligaba a. De ahí sus ojeras. Le gustaban los libros viejos y los cafés con mucho azúcar. Nunca era ella la primera en besar en la boca.
Y tenía esa forma de follar.
Ese movimiento sedoso de cadera, cadencioso, esa mirada abandonada, ese jadeo suave cuando llegaba al orgasmo. No había quien no se enamorara de ella al verla así. Querían más, querían hacer el amor.
"Vaya por Dios", pensaba ella contrariada.
"Con lo que me gusta hacer el desamor".
La culpa es de mis musas.
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