domingo, 2 de diciembre de 2012

Así, obscenamente


Cuando se desvanezca mi color y suavidad; cuando mi tersa carne se agriete, y deje de emocionarte; cuando dejes de cantar en la cocina, cuando no reconozcas en mis ojos a esa chica de 17 años; cuando , tal vez, ya no hayan sandwiches de madrugada.

Entonces se apagarán las luces, y tu llama brillará gris, los tejados no temblarán, ni habrán fuentes a lo lejos. Se romperán los gorros de lana. No te lanzaré guantes y, te prometo cariño, que no me mentirás mirándome a los ojos.

Que a lo mejor no intento acercarme, o eres tú quien empieza a mirar atrás cuando te marchas. Pero qué duro puede ser perderte estando tan cerca, cuando falta aún tanto tiempo. Qué miedo no poder encontrarte en el cuerpo que yazca sobre la almohada a mi lado.

Pero siempre tendremos velas.

Y tú siempre tendrás los ojos azules.

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