Llueve la niña por dentro, llueven las costillas apretadas. Y se pregunta con demasiada pasión si las escaleras de los hoteles sirven también para suicidarse.
Pero es tan bonita como un oso en primavera, llena los techos de miel y llama a los porros, petas del amor y la risa. Ella es una chica Murakami, una chica Almodóvar y una chica Sabina. A ella se le dibuja un corazón bajo la falda, hablando de películas sadomasoquistas en bares de ambiente. A ella se la venera. Ella es el tipo de chica con la que pasas las mejores tres semanas de tu vida, y que jamás olvidas.
En su pecho llueve. Mientras recoge tomillo. Pero. Lucen sus orbes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario