Serpientes negras en mi vientre, alimentándose de la bilis, de la podredumbre, de la decepción.
Palabras negras en mis dedos, que apenas se atreven a coger un lápiz, a tocar un teclado.
Me pitan los oídos, de todas las veces que pienso mal de mí misma.
Me arde el estómago del odio, de lo más negro, lo más corrupto.
Más de 6 años han pasado desde aquel jueves de diciembre, y a veces aún parece que esté buscando a ciegas por la ciudad. Dando palos a mis propias sombras creyendo que son fantasmas, qué desfachatez, si los fantasmas se alojan en mis malditos intestinos.
Más de 2 años han pasado desde aquel viernes de enero. Una pantalla me destrozó la vida. Y la llamada intempestiva de una mujer-tormenta me dio la mínima fuerza. Acababan las mentiras, empezó la pesadilla. Hola, Remy, mi amor.
Tengo los músculos tensos y la boca seca. Sé que se avecina el Cataclismo, y ningún Lord Soth lucha contra sus demonios para impedirlo. ¿O soy yo el caballero de la rosa negra? O soy yo las elfas infames buscando desgracia. Tal vez no grito para no romperme la voz.
Creí estar entregando mi cordura a un ángel mancillado, y de sus cenizas no resurgió un fénix, si no una arpía. Querida, cuánto desdén en tus palabras. ¿He temido al número 18 para esto? ¿He temido los fines de semana para esto? ¡He bautizado tu nombre con lágrimas para esto! Sólo me quedé con las noches, para tener pesadillas en soledad. Me has marcado con fuego. Tus abrazos han sido hiel dulce, y tus palabras más amables, espadas de las que protegerme.
Odio las matrículas de los coches. Odio las noches de otoño buscándote. Odio tus miradas frías. Odio odiarte, porque no sabes cómo te odio. Odio perderte, y odio que me importe.
Esto no son 10 razones para odiarte, es mi veneno vomitado. Si no hablo, me morderé la lengua, y morir es demasiado fácil pudiendo escribir.
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