Tiene el cuerpo ondulante de una ninfa escapada de los brazos de Erato. Y sonríe como la propia musa lo haría. Sabe muy bien que, sin ella, los orgasmos no son más que contracciones musculares.
Y con ella son un poco de ambrosía, un poco de nirvana, un poco de delicioso pecado.
Arquea la espalda y jadea en mi oído. Es incapaz de sonreír si la torturo así. Se retuerce, se derrite, se va y se viene, como la segunda mujer de Sabina. Pero ella no quiere a nadie más; me exige a mí.
Y Ella no exige jamás; ordena, y toma. Sonríe perversa mientras me lame, ríe nerviosa cuando se deja domar. Cierra los ojos cuando se descontrola, contonea las caderas pidiendo más.
Más placer, amor, que aún tengo sed de ti.
Ya sabes. Esto no es sexo, es poesía desnuda.
Aunque yo prefiero llamarlo (de)lirio carnal.

No hay comentarios:
Publicar un comentario