Eras la chica más guapa del baile.
Tenías el vestido más bonito, y la sonrisa más triste, y los ojos más grandes. Estabas sentada en un rincón llorando en silencio; nadie parecía ver tus lágrimas. Cuando alguien se te acercaba, te negabas a bailar. Y estuve un buen rato buscando la frase más versada para hacerte sonreír.
Me arrodillé frente a ti, acariciándote las manos. No dejaste de llorar, pero me miraste con atención.
-Si vienes conmigo, te prometo que no te quito las penas. Pero te quitaré el vestido.
Y sonreíste.
Resulta que al final tu sonrisa era un arma de destrucción masiva.

No hay comentarios:
Publicar un comentario