lunes, 29 de octubre de 2012

Un beso de John Coltrane

Contonea las caderas al andar. Lleva un vestido de indefinible color, y el esmalte de un rojo muy oscuro. El trompetista le dedica una pequeña reverencia que ella desecha con una sonrisa amable. Una mano adorna su pequeño bolso, casi simbólico, y otra pasea descaradamente por su garganta desnuda. Todo el mundo la mira. Y lo sabe. Disfruta de esas miradas que la elevan y protegen. Pocos se atreven a acercarse a ella, y casi todos los que lo hacen disimulan un incómodo bulto en sus pantalones.

Le dedica a todo el mundo una sonrisa amable. Los ojos le brillan como luceros entre el humo del club. No es seguro que esté sola, es demasiado hermosa. Sus uñas imponen, acariciando distraídamente su piel de satén.

Se le acerca un hombre. Lleva la corbata suelta y una mano en el bolsillo. Le ofrece un cigarrillo, y la sonrisa se vuelve casi cálida. Lo acepta. Sabe fumar como fuman las mujeres de verdad. Él no tiene ningún incómodo bulto en los pantalones, pero sí posee un encanto sobrenatural. Y lo sabe.

-Sé que esta noche vendrás conmigo.

-¿Por qué haría eso?

-Porque mañana me voy y no volverás a verme. Porque eso es lo que buscas, ¿verdad? Alguien que te quiera una noche para siempre. Yo soy ese alguien. Por eso saldremos de este club juntos.

Ella sonríe. Su melena cobriza le resbala por los hombros. Con un suave pestañeo, confirma sus palabras.

No aspira a nada mejor que un parasiempre susurrado al son del jazz.

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