No había acabado de salir de ella cuando ya se estaba levantando de la cama. Él se dejó caer, sonriente, con cara de imbécil. Le odiaba. Y le necesitaba. Porque eso era lo normal, lo correcto. Tenía las rodillas enrojecidas. Rara vez follaban mirándose a la cara. Él tenía un oportuno fetichismo por poner a sus chicas a 20 uñas, y ella demasiadas ganas de no tener que verle cuando se corría. Nada le molestaba más que su expresión en ese momento. Tal vez lo superaba el hecho de que su propio cuerpo solía responder, llenándola de un placer sucio que la llevaba directa a la ducha.
-Oye, ven aquí. Túmbate.
-Quiero ducharme.
El rostro de él se ensombreció. Y ella se sintió un poco mejor.
-Si tan asqueroso te resulta, dejamos de follar y punto.
Eso no se lo esperaba. Le observó en silencio, aterrada. ¿Dejarlo? Sintió el familiar vacío en su pecho, ese que sólo se disipaba mínimamente con un cuerpo cerca. Estaba paralizada.
-¿Qué coño te pasa, eh? -le increpó él de forma brusca-. Nunca te quedas a dormir, pero bien que me buscas. No quiero ralladas, si tanto necesitas que te follen búscate a otro.
No podía dejarla. No había nada que dejar y no se lo iba a permitir. La alternativa era demasiado cruel, demasiado fuerte. 'Puede que te arrepientas de esto'. Se acercó a él y se subió a sus muslos desnudos. Esbozó una sonrisa triste que el pobre infeliz juzgó encantadora. Susurró palabras sucias, dijo lo que sabía que quería oír y cuando él la tocó no se resistió. En un momento volvía a estar debajo, la almohada se tragaba cómplice sus lágrimas, su garganta gemía tenuemente y él embestía casi ciegamente. Que se corra, rezaba en silencio. Que se corra ya y se duerma. Sería más fácil irse si estaba dormido. Tuvo suerte. Cuando le soltó las caderas ya estaba medio adormilado. Le contempló sin expresión hasta que se quedó dormido. No se arriesgó a usar la ducha. Se lavó como pudo, se vistió y salió. No llegó muy lejos.
'Crees que puedes estar sin mí y te equivocas. Esto no está mal. Tú y yo nos queremos y eso es imposible que esté mal. Vete a buscar un hombre que te quiera, no te resultará difícil. Tú me quieres a mí y eso no lo vas a poder olvidar'.
A lo mejor la había maldecido. No había conseguido dejarla del todo, pero su deliciosa amante había encontrado una pareja que no tenía miedo de lo que sentía. Sus palabras se repetían como una maldición. Se dejó caer en el portal de ese edificio que cada vez la hacía sentir más desechable. Lloró.
Aún recordaba la placidez de su tierna carne. ¿Como podía estar mal?
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ResponderEliminarLeche, acabo de borrar el comentario!! Definitivamente soy un desastre con la tecnología...Bien, repito, me gusta la sensación y el clima que transmites, tanto en los diálogos como en la elección de los escenarios, se intuye la angustia y la lucha interna de esta mujer, que siente deseo por otra pero que quiere "forzarse" a ser hetero, (o eso he entendido yo!) Es una situación complicada y has sabido llevarla bien, muy bien diría, y me gusta tu estilo, conciso y directo, te lleva a lo que ella siente y eso en relatos cortos es básico. Gracias!
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