Toca exploración.
Recorro mi carne sin tocarme mientras escucho su voz.
El tono, la inflexión. Puedo ver la sonrisa breve, los gestos imperceptibles que tan bien recuerdo, el efecto que me provoca. Un brazo se eriza. Solía intentar tranquilizarle con un gesto concreto que le hacía sonreír de verdad.
Tengo tanta presión y frustración que llego a límites nuevos. Siempre son nuevos. Siempre hay más pozo en el que hundirse, más razones para llorar.
Y, cuando se pone cariñoso, cuando algo en mí le enternece, me llama "bonita". A mí. Ja. Si pudiera ver lo que hay tras esta piel tan suave no lo diría. Espeleología emocional. Tan 2011.
Vuelvo a hacer clic.
A veces cierro los ojos y las puertas y me permito sumergirme en su voz. En el profundo deseo de que me apriete y me calme. Recuerdo, buceo, exploro. Me asusta más de lo que estoy dispuesta a admitir y lo deseo tanto que me cuesta concentrarme en cualquier otra cosa. Piel. Aliento. La mirada penetrante de quien lo ha visto todo. El sol aquel día de noviembre, casi hacía calor, un hombre mayor sentado en un banco, la incomodidad, el pequeño escape a un patio diminuto. El frío en junio. El fuego en otoño. Hace muchos meses que no camino por ese paso de cebra. Joder, el giro anhelante y resignado y ese abrazo que no vaciló.
No tengo tiempo para nada de esto.
Y estoy harta de posponerlo.
Necesito que vuelvas, Remy.

No hay comentarios:
Publicar un comentario