martes, 11 de septiembre de 2018

Las carnes sembradas

"No creí que fuera a volver a sentir algo así".

Mentira. Tan falso como inexacto.

Tan condenatorio, tan definitivo. Tan dramático.

El desamor es un tipo de dolor muy concreto; y aun así, cada vez es diferente. La traición, el desencanto, el engaño. Tan sencillo y afilado como dejarte reposar en manos ajenas y que de súbito se aparten. No hay más. Es así de terrible.

Lo que no te advierten, entre bonitas palabras vacías y algún gesto de luz, es que el desamor te cambia. Estresores, crisis, respuestas. Es imposible que un cambio en tu sistema tan grande y duradero no te haga evolucionar. ¿O involucionar?

El desamor se arrastra, porque también es mentira que el tiempo todo lo cura. No. El tiempo todo lo calma. Te da perspectiva, nuevas herramientas, un sentido nuevo, una mirada más amplia, la capacidad de perdonar. ¿Es eso curar?

En realidad venía a hablar de la falsedad del primer enunciado. ¿Nunca volver a sentir? Pocas veces lo he dicho, pero siempre ha sido cierto. De verdad creía que tantas heridas habían convertido mi corazón en un coladero. A veces lo inevitable de que así sea me vence. A veces la continuidad me abruma.

Creo profundamente en el amor. En lo maravilloso de la individualidad, en los páramos brillantes que algunas personas esconden dentro. Hay quien escapa a un bosque francés y hay quien convierte su cuerpo en un jardín. Creo en la profundidad de la esperanza, en la fuerza de la luz y lo poderoso de las sombras. Creo en los árboles y los ciervos, en las flores que adornan los cadáveres con vida, en las semillas que brotan de las lágrimas.

Creo en este proceso. Creo en mí.

Y creo que ya va siendo hora.

Dara Scully

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