viernes, 3 de julio de 2015

;

Pienso que amar así es casi imposible. Que he disfrutado de una suerte envidiable, y que probablemente jamás lo vuelva a sentir.

Volveré a querer, sin duda. Me gusta demasiado el amor y las personas como para no hacerlo. Me atrae la calidez, el ingenio, el desafío, la intuición, el misterio. Me derrito con una mirada certera, tiemblo con una caricia audaz. Tal vez se adentra un poco (mucho) de miedo, de resistencia al cambio; tal vez cierro los ojos para negarme a ver la realidad de una luz que me deslumbra, que puede desterrar estas tinieblas. No sé si quiero dejar de tener frío, no sé si quiero olvidarme del cuerpo perlado de Kokoro.

Como si pudiera hacer eso.

Pero el ciego impulso de amarla sin frenos, la blanca desesperación de poseerla, la purísima sencillez de acariciarla sin pretensiones... ese amor limpio no volverá. Me he encargado de contaminarme a conciencia; me niego a entregarme inmaculada. Quien decida arriesgarse a adentrarse en esta ciénaga deberá contemplar los horrores que encierra; la nauseabunda mezcla de añoranza, anhelo y cadáveres sin forma.

Dudo que dejes de doler. Rezo para no dolerte, no importarte, pero espero que recuerdes a esa versión floreciente y hermosa de mí, aquella que era cuando estaba contigo y no tenía miedo. Entiérrala dentro de ti, porque ya me dirás dónde estará mejor que en tus bellos ventrículos.

Prometo no resistirme al sol.

No hay comentarios:

Publicar un comentario