jueves, 8 de noviembre de 2012

De cómo los puntos finales desembocan en puntos suspensivos

¿Quién me dijo una vez que yo era real? Que era fuerte, y tenía inquietudes y tenía capacidades, y todas esas cosas preciosas que se dicen las parejas jóvenes, aquellos que no saben aún que la vida te destroza.

Que tus elecciones te destrozan.

Isabelle, esta es una carta que jamás leerás. La escribo con lápiz para luego borrarla, hacer cuentas encima con bolígrafo, romperla y quemarla. No, dudo mucho que la leas.

Aún recuerdo, después de tantísimos años, cómo te movías con tus vestidos vaporosos. En mi mente no has superado aún los 25, tu piel sigue tersa, tu cabello lleno de color, y tus desgarradas promesas intactas. Tú dijiste que tendríamos todo el tiempo del mundo. Yo era tan joven que apenas supe cómo quererte, cómo entenderte, y las arrugas que porto ahora como una bandera tampoco serían capaces de hacerlo. ¿Quién mejor que tú conoce nuestra historia? Ojalá estuvieras muerta. Ojalá no supiera nada de ti. Ojalá supiera que eres feliz muy lejos, que ni siquiera te acuerdas de mí, y que en tu vida ya no hay lirios.

Pero vives a 40 kilómetros de aquí, trabajas de noche, duermes de día, vives a oscuras y no amas a nadie. Y después de tantos años no puedo evitar pensar que tal vez... sólo tal vez... aún me quieras. Aún puedas encontrarme. ¿Me reconocerías en este cuerpo ajado? Vivo en una casa que odio, con un hombre al que odio, en un trabajo que detesto, llena de cosas pendientes a las que no me atrevo a enfrentarme. Me planteo tener un hijo para salvarme de la desidia. Ya no soy Lily. Ya no soy Liliana.

Nadie sabía pronunciar mi nombre como tú, Isabelle. Y ahora estás a apenas 40  kilómetros de aquí, sola, y sin duda bella. Ojalá estuvieras muerta, cariño, ojalá no supiera nada de ti. Ojalá aparecieras en mi puerta para despertarme. Si vinieras, y si me reconocieras, y si me contagiaras tus ganas de vivir, y si aún me quisieras, me marcharía contigo.

Pero nunca leerás esta carta.

No vas a presentarte en mi puerta.

No sabrás que yo también porto una espiral en mi cuerpo.

Y no quedan lirios que pueda llevar a tus brazos.

Tú eres el amor de mi vida.

Debería habértelo dicho.

Lily.

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