sábado, 17 de junio de 2017

Los amantes chatos

Respira respira respira.

Mi cuerpo reacciona de formas que apenas recordaba. Sus manos tienen el calor de cien soles y me conducen poco a poco a campos que no conocía. Sus ojos son pura droga, su bello rostro perlado en sudor me fascina. Siento jodidos océanos lamiéndome desde dentro, amenazando con desbordar.

Quiero incorporarme pero no puedo mover un músculo. Y aun así, mi cuerpo tiene espasmos y me sorprende con golpes de cadera. Sus ojos siguen el movimiento con codicia -como si no estuviera poseyéndome. Tiemblo. Me elevo. Rozo el paraíso sin elevar las manos. Me abruma la emoción.

Lloro.

Lloro de placer y de dolor, de la liberación del orgasmo y la cercanía de un cuerpo extraño. De lo lejos que está. Del impulso que me empuja a su cuerpo, a liberarle y encerrarle. Me siento como algo sucio recorriendo su luz pero en sus ojos sólo hay adoración. Me adora, me desea. Me hace promesas que no quiero escuchar. Lloro en este placer multicolor y recuerdo, recuerdo...

Recuerdo respirar

Recuerdo despertar. Y al hacerlo sus ojos me miran con pesar. Hay deseo verde escondido pero me concentro. Esquivo, cierro los ojos, no pienso, no quiero.

Respira respira respira.


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