Me viene a la mente una escena. No estoy segura de si es o no un sueño, tal vez sea una reminiscencia onírica de esta noche.
Estoy sentada jugando con mi botella de una cerveza sin nombre. No recuerdo si la he pedido rubia o morena, y no quiero saberlo. Paseo mis dedos por el cuello y la boca de la botella, recordando cuando acariciaba piel y no cristal. A mi lado, alguien habla. Apenas le dirijo la mirada, no sé su nombre, no me importa. Podría decir que estoy triste, para simplificar mi estado de ánimo. ¿De qué otra forma iba a estar? Me he pintado los ojos con esmero, pero apenas me he peinado y ni siquiera recuerdo qué calcetines me he puesto. ¿Qué coño estoy haciendo aquí?
Ha dejado de hablar. Bebo un poco. Vale, bebo mucho.
-¿Sabes que eres muy sexual?
Estoy a punto de levantarme y marcharme. Asiento vagamente, aún sin mirarle.
-Esa forma de mover los dedos, me refiero.
"No tienes ni idea". ¿Qué va a saber? No ha visto mis dedos en una inmaculada piel perlada. Dejo quietos los dedos y paseo mi mirada hacia fuera, hacia la ventana. Y entonces la veo. Apenas pasan 3 segundos y desaparece, pero ha estado realmente ahí fuera. Iba con prisa, y estaba preciosa. El frío le coloreaba las mejillas, el cabello algo más corto, alborotado por el viento, que se apartaba con impaciencia de su bello rostro. Las manos enfundadas en unos guantes negros de cuero, y unos pequeños zapatos sin tacón grises.
Ahora sí me levanto, de repente asqueada por todo este sitio, por este bar del que no sé ni el nombre, y por mi acompañante, que claramente intenta meterse en mis bragas. Inútil.
Fuera, en la calle, no hay rastro de su presencia. Bajo la calle siguiendo su camino, pero ha desaparecido. Ni siquiera la huelo. Se me han apagado los sentidos.
Siempre es enero un mes difícil. No por la cuesta, sino por la bajada. Me refiero a su espalda.
Kokoro, el frío te sienta precioso. Ponlo en mi esquela, o preséntalo como prueba en cualquier juicio contra mí. "Señoría, el frío le sienta precioso". Y la risa, y el llanto, y yo. Y los gatos.
No dejes de (des)aparecer en mi mente. Es una orden.
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ResponderEliminarOjalá nunca te duela el frío,
ResponderEliminarni a mí las ojeras.
Ojalá siempre estés ahí,
para besarme la nuca.
Prometo
Qué mi cuello te acariciará
los labios.
Aunque, a veces, corten.
No sé, ya si tu boca.
O mi piel, contra
tus comisuras.
Pese a todo, ojalá.
Si muero de frío,
Que sea porque
desapareciste.
Y el fuego,
de mis entrañas,
se apago.
Un quebrado, en tu ausencia.
El frío, que corta,
más que hiela.
Y ojalá,
que si te dejo marchar en algún momento...
Me muera de frío.
Porque no hay abrigo
como tu espalda.
Ojalá, que si te dejo marchar
No haya nadie más
Que le de calor a mis días.
Porque como tú,
no existe ninguna otra.
Ojalá el frío me siente siempre precioso,
contigo bajo las mantas.